¡Yo quiero ser Mireia!

Queridas amigas,

¿Cómo estáis? Yo ya estoy de vuelta en casa. Dicen que todo lo bueno se acaba (y lo malo, añado yo) y por este año damos por terminadas las vacaciones de verano.

Y han sido estupendas, la verdad. Me lo he pasado de maravilla, he tenido de todo: playa y montaña; mosquitos y medusas (no como las de Vargas Llosa; las mías eran mucho menos glamurosas), familia, amigos, hijos… un poquito de todo.

Después de nuestra escapada romántica a la playa volvimos al pueblo a disfrutar de las fiestas y de las olimpiadas. ¡No os puedo contar lo que se disfrutan las retransmisiones deportivas entre amigos! A lo mejor vosotras estáis acostumbradas, pero, yo cuando Toni pone la tele para ver algo de deporte, salgo corriendo de la habitación como alma que lleva el diablo y no me entero de nada.

Pero en esta ocasión, como estábamos en el pueblo, todo era diferente. Nos hemos reunido en el bar del pueblo todos para animar a nuestros deportistas y ha sido fantástico.

El día que compitió Mireia Belmonte quedamos todos para cenar y ver la tele en la piscina por aquello de darle más ánimos.

Cenamos, jugamos a las cartas y cuando empezó la prueba en aquella piscina había el mismo griterío que en un estadio olímpico. ¡Qué emoción! Todos gritando aquello de “¡Vamos Mireia, vamos Mireia!” ¡Maravilloso!

Fijaos cómo nos sentíamos que nada más terminar la prueba nos tiramos todos a la piscina. Yo me vine arriba, fruto de la emoción y de “un” gin-tonic que me tomé, y me tiré tal como iba: con ropa y zapatos. No sé qué me pasó, pero me sentí invadida por el espíritu de la natación olímpica y me puse a nadar como si no hubiera un mañana… ¡y casi no lo hay!

Yo llevaba un vestido de esos que se llama estilo boho chic que tanto se lleva y tanto favorece… pero el caso es que era largo y como complementos llevaba un collar larguísimo y en los pies unas altísimas cuñas de esparto.

Os cuento todo esto para que os hagáis una idea de la postal: el vestido, el collar, las cuñas y el gin-tonic nadando en la piscina a las 4 de la madrugada.

Yo me lo tomé con ilusión, pero por mucho que movía los brazos y las piernas no era capaz de avanzar. Las cuñas mojadas pesaban una barbaridad y el vestido se me enredó en las piernas y luego a la altura del cuello que parecía un calamar gigante.

¡Qué vergüenza! Creo que me debí tragar una cuarta parte del agua de la piscina y si no llega a ser por mi pequeña Paula creo que no salgo de allí. Cuando me vi muy apurada empecé a llamar a Toni (con los brazos, me refiero porque no era capaz de abrir la boca sin que se me llenara de agua). Toni, en su línea, me saludaba pensando que le estaba diciendo hola (Será gilip…). Fue Paulita la que advirtió que tosía mucho y avisó a Marta; Marta a Blanca y afortunadamente Blanca estaba con el socorrista – en lo oscuro, pero con el socorrista – y ellos fueron lo que acudieron en mi ayuda.

¡Qué susto, queridas, qué susto!

Al día siguiente me dolía todo. No sé si por el accidente dentro del agua o por el rescate porque el socorrista tuvo que pedir ayuda para sacarme del agua y entre todos me agarraron y más de uno me clavó las uñas.

Quiero creer que fue sin maldad, pero estaba toda dolorida. Y con un dolor de cabeza y de corazón tremendo. Creedme que me dolió más el orgullo que otra cosa.

La próxima vez que se me ocurra emular a uno de nuestros fantásticos deportistas olímpicos prometo quitarme la ropa de vestir y, por lo menos, ponerme un chándal.

Desde que he vuelto a Madrid no paro de mirar a Toni y recordarle saludándome con la mano. Le miro a él y miro los videos de Lidia Valentín levantando pesas y me dan unas ganas de agarrarle por los hombros y levantarle que me cuesta reprimirme.

En fin, se acabaron las vacaciones, se acabaron los Juegos Olímpicos y empieza otra vez el curso.

¡Hasta la semana que viene!

Compartir
Artículo anteriorAna Rioja Jiménez del Blog Cincuenta Years
Artículo siguienteMakeup para cada tipo de ojo
Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

No hay comentarios

Dejar respuesta