Una fiesta en la playa

Hola queridas,

¿Cómo estáis? Yo sobrevivo (que no es poco) a las vacaciones de verano en familia.

Aquí seguimos solitos los 8… ¡manda narices! Decir que estamos solitos porque sólo hemos venido 8… en fin.

Un día tras otro…..

No tengo mucho que contar, la verdad: mis días de vacaciones son siempre iguales: playa, baño, castillos en la arena, otro baño palas, otro baño, aperitivo en el chiringuito, comida, siesta y parque… un día tras otro.

Bueno, también tengo que añadir las broncas con mi hija mayor, Paula, que empiezan cada día a la hora de levantarse y acaban cada día en el momento de acostarse … de acostarse ella, claro. Peleamos todo el día porque siempre, pase lo pase y sea la hora que sea ¡es demasiado temprano para ella!

Demasiado temprano para Paula

Cuando hay que levantarse es muy pronto… cuando hay que subirse de la playa también es muy temprano… Cuando hay que salir por la tarde también es muy temprano y, por supuesto, cuando hay que volver a casa por las noches ¡TAMBIÉN ES MUY TEMPRANO! Me tiene hasta el último pelo de la coronilla. ¿Alguien sabe por qué los adolescentes se cansan tan pronto de todo excepto de pelear? No puedo másssssss.

Una fiesta en la playa

Paula tiene un carácter muy abierto y la verdad es que no le cuesta ningún trabajo hacer amigos. En los días que llevamos aquí ya se ha hecho de lo más “popu” en la urbanización. Tiene planes a todas horas del día: planes para la playa, planes para la tarde, planes para cenar… y lo que peor llevamos su padre y yo: planes para la noche.

La semana pasada la invitaron a una cena/fiesta en la playa. Con todo el miedo del mundo le dejamos ir, pero con la condición de que a la 1 de la madrugada tenía que estar en casa. No hace falta que os diga que yo me desperté a las 2 y todavía no había aparecido.

Me entró un temblor en el cuerpo tremendo. Desperté rápidamente a Toni y el pobre, tal como estaba, en pijama, se fue a la playa a buscarla. No hizo nada más que salir y entró la puñetera niña por la puerta: estaba en el jardín de la urba hablando con sus amigos.

Había que verme….

Me di cuenta de que Toni había salido medio dormido de casa y, con las prisas, se había dejado el móvil encima de la mesa, así que no podía llamarlo. No me lo pensé dos veces: dejé a Paula en casa al cuidado de los más pequeños y me fui a buscar a Toni. Había que verme: en pijama, zapatillas de estar en casa y los pelos todos revueltos.

De la casa a la playa, donde era la cena/fiesta no hay más de 200 metros, pero esos 200 metros están llenos de bares, pubs y gente… ¡y yo en pijama! Muy digna pasé por delante de todos ellos buscando a mi Toni (“buscando al memo”, hubiera dicho mi amiga Marta).

Me recorrí media playa y tuve que esquivar a más de una pareja que estaba muy entretenida en la playa, en el calor de la noche y, nada, no encontré ni rastro de Toni.

A las tres horas y media decidí volver a casa

Una hora y media después (o sea, a las tres y media) decidí que volvía a casa. Cuando le ví tumbado en el sillón, dormido como un tronco casi lo mato. Me dio tanta rabia que le vacié una cubitera de hielo encima.

Por lo visto, al salir de casa vio a Paula que entraba y en lugar de darse la vuelta y avisarme, se le ocurrió (ya que estaba en la calle) sacar a Perro a hacer sus cositas por la parte de atrás de la urba.

¡Yo paseándome en pijama por todos los bares de la playa y él paseando al perro! Si de verdad os digo que este hombre es un caso aparte…

Era mi momento

Al día siguiente bajamos a la playa y le dejé solo con los seis niños en la playa y yo me fui a un SPA que hay en un hotel al lado. Me pasé toda la mañana: me hice manicura, pedicura, un masaje de espalda y luego me tomé un cóctel (como en las películas) en la terraza del hotel.

Cuando volví a la hora de la recogida, estaba desesperado y rojo como un tomate. Con el lío que tuvo no se acordó de ponerse crema y se tostó más de la cuenta. Me dio un poco de pena pero, como diría la Benito: “Era mi momento”.

Bueno, os dejo y esta vez durante unos días. Voy a desconectar, ahora de verdad y a tomarme unos días de relax total, sin ordenador, sin móvil y sin periódicos.

Os quiero. ¡Feliz verano!

 

Compartir
Artículo anteriorAdolescencia y sexo
Artículo siguienteNo aceptes rosas si no quieres espinas
Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

No hay comentarios

Dejar respuesta