Un regalo inesperado

¿Cómo estáis queridas?

No sé si a estas alturas ha habido ya algún caso de derretimiento entre vosotras. Yo no lo había notado hasta ahora porque otra de las cosas buenas que tiene pasar las vacaciones en un pueblo de la sierra es que hace fresquito.

Yo lo he notado porque esta semana, no os lo vais a creer, NO HE ESTADO EN EL PUEBLO.

Ya os dije que Toni venía el domingo para quedarse ya de vacaciones. Yo estaba muy, muy enfadada con él: primero por no haber venido todos los fines de semana como me había prometido, segundo porque no me dijo que me dejaba a sus padres en depósito todas las vacaciones y tercero porque me apetecía discutir. Aquí no puedo pelearme con ningún adulto más o menos responsable y ya me hacía falta. (Mis padres y mis suegros son adultos y responsables, pero a ellos no les puedo gritar… A mi marido si puedo).

El caso es que llegó a la hora de la comida con un ramo de rosas más grandes que él. Además, me trajo marisco (congelado, pero muy rico) y, aquí viene lo gordo: ¡con dos billetes de avión con destino a Tenerife!

Casi me caigo de espaldas cuando le vi salir del coche. Me recordó a Richard Gere cuando va a buscar a Julia Roberts en Pretty Woman. Me lo recordó y bien lo sabe Dios que no sé por qué: porque mi Toni no es millonario, ni tiene el pelo blanco ni nada parecido y en cuanto a mi, yo no tengo nada que ver físicamente con Julia ni me dedico a lo que ella se dedicaba en la peli. Pero bueno, dejé volar mi imaginación.

Como os podéis imaginar, esa misma tarde, después de comer hicimos las paces (dos veces) y luego las maletas.

El lunes por la mañana cogimos un avión a las 6 de la mañana (no, no había otro más tarde…) y en visto y no visto, estábamos desayunando en el bar del hotel. ¡Impresionante! Es un hotel de esos que salen en las revistas y que te crees que son un decorado ¿sabéis cuáles os digo? ¡Pues existen de verdad!

El hotel era un SPA de lujo. Toni había decidido que nos merecíamos un regalo y contrató un paquete de cuatro noches con todo tipo de tratamientos. ¡Madre mía! Yo quiero llevar esta vida siempre pero pudiendo, claro, sin tener que empeñar un riñón.

Empezamos el primer día con un circuito termal en una piscina al aire libre. El único detalle que enturbió la experiencia fue vernos con el gorrito que nos pusieron: qué poco favorecen esos gorros. Te tiran de las cejas para arriba y parece que estás asustado permanentemente. Además, uno no sabe bien qué hacer con las orejas.

Luego nos envolvieron en unas hojas de platanera bien untados previamente con aloe vera. Ya nos quitaron el gorro pero nos dieron un tanga para que nos pusiéramos. La pinta que tenía el pobre Toni es indescriptible. A ver, yo no me parecía a Paris Hilton, pero es que él…

Le siguió un baño con no sé qué para quitarnos el ungüento y un masaje con piedra calientes. Cuando vuelva a casa, en invierno, voy a probar a meter algunas piedras de río en el horno, a ver si funcionan igual. No sé.

Por la noche yo parecía que estaba en trance. No era capaz ni de caminar. Qué relajación y qué suave tenía la piel. Me metí en la cama y creo que me escurrí en las sábanas. Por primera vez en mucho tiempo dormí como un bebé. Ni los tan famosos y molestos ronquidos de Toni lograron desvelarme.

El segundo día volvimos a hacer el circuito termal y Toni volvió a gritar como su le estuvieran arrancando las uñas cuando entró en el agua fría. ¡Qué exagerado es! Ese día tocó un intensivo oriental: tratamiento y comida. Nos untaron con un puré verde que nos dijeron que eran algas. Mira, no es que oliera mal pero a  mi me dio un asco tremendo. Qué espeso, qué verde, qué mal salía después. Se quedó duro como una piedra. Miré a Toni y me recordó a Shreck. Me hubiera reído, pero es que no podía moverme.

Lo peor, la verdad fue la comida. No estaba mala, ni mucho menos, pero muy escasa. Yo que soy tan tragona y Toni ni te cuento, pues nos quedamos a dos velas. Por la noche, pedimos servicio de habitaciones. Suena raro pero en lugar de pedir champán y fresas (o parecido) lo que pedimos fue un colacao con galletas.

Los dos días restantes ya nos dedicamos a visitar la isla, a comer y a ir a la playa. Ha merecido la pena. ¿Sabéis qué os digo? Que Toni tendrá sus cosas y puede ser un poco dejado algunas veces, pero ¡todavía me merece la pena seguir a su lado!

Al final ya estamos hechos el uno al otro. Ahora estamos en calma y en paz. ¡Vamos a ver cuánto dura!

Hasta la semana que viene.

Rita

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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