Semana Santa en familia

¡Hola querid@s!

¿Cómo han ido las “Santas Vacaciones de la Semana”? Espero que hayáis podido descansar y disfrutar de los pequeños de la casa y, sobre todo, de los adolescentes (si es que tenéis alguno…) Si, es verdad, este comentario está hecho con muy mala baba; lo siento.

Semana Santa en familia

Yo SI he disfrutado: de los pequeños, de los preadolescentes, de los adolescentes, de mis padres, de mis suegros y del hecho de que los adolescentes de mi clase estuvieran con sus padres y no conmigo… Si, después de todo lo que me ha pasado esta Semana Santa, hubiera tenido que ir cualquier día a dar clase a mis alumnos, creo que me hubiera tirado al mar.

En busca de las “raíces”

Os cuento: en Navidad mi padre sugirió que fuéramos a buscar sus “raíces” al pueblo donde nacieron sus antepasados. No os voy a decir el nombre; sólo os diré que es un pueblo pequeño en la provincia de Huesca. Como lo dijo en la cena de Nochevieja y estábamos todos presentes, todo el mundo entendió que íbamos todos: mis padres, mi marido, mis hijos, mis suegros y mis cuñados. Vamos que hemos ido de visita, pero podíamos haber ido a repoblar la zona. ¡Éramos 18! Y teníamos de todo: 4 niños, 2 preadolescentes, 2 adolescentes, 4 suegros – dos míos y dos de Toni – y una sin sal que es la nueva novia de mi cuñado. Es una “it girl” que se pasa el día posando ante el móvil pero que es aburrida hasta más no poder. Se llama Paloma pero todo el mundo la llama “Lena” (os lo he dicho, no tiene ni pies ni cabeza, ni ella ni el nombre).

Como una expedición al Amazonas pero en Semana Santa

Una vez tomada la decisión, mi padre y mi suegro se encargaron de buscar unas casas rurales. Yo, la verdad, siempre albergué la esperanza de que no las encontraran y tuviéramos que posponer el viaje y, lo más importante, hacerlo como una excursión familiar y no como una expedición al Amazonas. Pero no hubo suerte: la variedad y calidad de casas rurales que hay en España es increíble: conseguimos un complejo de casas rurales en la zona que, todo hay que decirlo, casi ha sido lo mejor del viaje.

Semana Santa en familia

8 días con sus 7 noches

El hecho es que hemos estado todos juntos (insisto TODOS JUNTOS) de lunes a lunes: 8 días con sus 7 noches conviviendo desde la mañana a la noche: desayunando junto, comiendo junto, paseando juntos y cenando juntos. Dormir no: afortunadamente cada uno tenía su habitación… ¡sólo nos hubiera faltado! Yo creo que después de esta experiencia me van a dar el Premio Nobel de la Paz y la Concordia.

Hemos visitado el pueblo de los antepasados de mi padre (y míos): hemos recorrido los alrededores, hemos comido como si no hubiera un mañana y hemos pasado un frío espantoso. Eso si, el sitio una maravilla: unos paisajes preciosos, una gente encantadora y hospitalaria pero mejor ir cuando no haga tanto frío.

Viernes Santo de turismo … rural y patinaje

El Viernes Santo decidimos hacer turismo cultural. Recorriendo la ciudad, y después de visitar las iglesias oportunas en las que mi madre y mi suegra hicieron sus ofrendas y ante la negativa de los más pequeños a ir a una procesión, se nos ocurrió dividirnos y mi cuñada Pepa, la buena Lena y yo nos llevamos a los niños a patinar sobre hielo. Podíamos haber patinado perfectamente por alguna calle, pero decidimos ir a una pista de hielo que anunciaban por todas partes.

¡En qué hora! Yo no sé si por la alegría de sentirme libre por un rato o porque tenía todavía grabada en mi mente la actuación de nuestro gran Javier Fernández, el caso es que fue ponerme los patines y sentirme como un pájaro: tenía ganas de volar, de abrir los brazos y girar en el aire, de mover mi cuerpo al son de la música olvidándome de los gritos que sonaban a mi alrededor.

Y ya no recuerdo más …..

Fue un momento único e inolvidable y muy corto pero que quedará grabado en mi memoria durante años: duró lo que duró el intento de pirueta que hice: cogí impulso y me lancé a la pista con fuerza y seguridad, salté con todas mis fuerzas y giré en el aire teniendo en mi mente la imagen de Javier Fernández. ¡Y ya no recuerdo más hasta el momento en el que me atendió un joven del puesto de la Cruz Roja que había en la pista!

¡Qué pedazo de host…! Y qué bronca me echó la de la responsable de la pista. No entendió (ni yo) que me hubiera lanzado a hacer esa pirueta siendo – como era – la primera vez que me ponía unos patines (perdón, creo que eso no os lo había dicho) …

Vamos, que debe ser que esa sensación de libertad que yo quería sentir – y que, de hecho, sentí – tenía que ver con la desgraciada coincidencia de que puse un pie en la pista y no pude controlar mi equilibrio y ese salto que os he dicho que di, y el posterior giro, tenía que ver con mi intento de no llevarme por delante a un niño que, pobrecito, intentaba patinar de la mano de su madre.

Llegada al punto de encuentro para la cena del Viernes Santo

En fin… mejor no os cuento cómo fue la llegada al punto de encuentro y la cena del viernes, contando una y otra vez mi aventura y escuchando los comentarios de la sin-sal que, como no podía ser de otra manera, es una experta patinadora. La he cogido una rabia que no os cuento.

En cuanto al viaje de vuelta, con el culo morado y dolor de todos los huesos del cuerpo, mejor lo dejamos… no os digo más que al llegar a casa tuve que recuperar un flotador que me compró mi madre para el postparto. No me podía ni sentar, ni estar de pie, ni caminar, ni estar quieta…

La vuelta ha sido una “penitencia”

La vuelta al cole ha sido como una penitencia: entre los niños que vienen asilvestrados, las monjas que están más pesadas que de costumbre (o a mi me lo parece) y yo que no tengo cuerpo para nada… ¡esta semana se me ha hecho eterna!

Además, no sé a vosotras, pero a mi se me hace muy cuesta arriba el volver a casa después de unas vacaciones: no me explico cómo podemos ensuciar tanta ropa; me paso una semana entera poniendo lavadoras; luego quitando lavadoras y planchando lavadoras. Voy a pedir que inventen ropa de papel para los niños, de esas de usar y tirar como los pañales.

Bueno, lo dicho, ya queda menos para el puente de mayo. ¡Feliz semana! Por favor, contadme cómo han sido vuestras vacaciones, a ver si me animo.

 

Compartir
Artículo anteriorRespeto o Bullying ¿qué eliges en tu hogar?
Artículo siguienteHabilidades sociales ¿son útiles para emprender?
Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

No hay comentarios

Dejar respuesta