Ayer volvía de hacer unas gestiones en el centro de Madrid y, como es habitual en mí, lo hacía en transporte público. Justo delante de mí, iban sentadas dos adolescentes que, animadamente, discutían sobre sus “objetivos” a largo plazo. El volumen de sus palabras y la vehemencia con la que ambas defendían sus posturas hizo que casi todos los presentes, aún sin proponérnoslo, escucháramos lo que decían.

Sé lo que no quiero

Me llamó mucho la atención que, después de varias posibilidades planteadas por una de ellas, la otra joven afirmó: “Pues qué quieres que te diga: yo sólo tengo claro que no me voy a pasar el día estudiando”.

Lo que me llamó la atención, no fue el contenido de la frase sino su estructura. ¿Cuántas veces expresamos lo que no queremos en lugar de expresar lo que realmente queremos?

Imaginaos que al ir al supermercado a comprar llevarais una lista con todo aquello que no necesitáis en lugar de llevar una lista con los artículos que queréis comprar. ¿Qué pasaría? Pues que recorrerías los pasillos del supermercado buscando aquello que no está en la lista, en lugar de buscar cosas concretas. El desgaste de tiempo y energía sería realmente grande.

Qué es lo que queremos

Y eso es precisamente lo que en ocasiones hacemos con nuestra vida y, por extensión, enseñamos a nuestros hij@s a hacer. Si tuviéramos claro qué es lo que queremos sería mucho más fácil conseguirlo porque podríamos dedicar todas nuestras energías a clarificar qué queremos, cómo lo queremos y qué necesitamos para conseguirlo.

Si nos fijamos en nuestros problemas y limitaciones, pondremos toda nuestra energía en ellos y seguramente, estos crecerán. Si, por el contrario, nos fijamos en las posibles soluciones a esos problemas, es más que probable que los solucionemos.

Poner foco sobre las posibles soluciones a los problemas

Si nuestros hijos no saben lo que quieren, difícilmente sabrán qué necesitan para conseguirlo y cómo conseguirlo. Es verdad que estamos hablando de adolescentes y en esta etapa es muy normal que se sientan perdidos. Es parte de su desarrollo y no se puede pretender que tengan claras y afianzadas sus metas y propósitos de vida a largo plazo.

Cómo ayudar a tu hijo a definir metas a corto plazo

Lo que si podemos esperar es que entrenen el hábito de fijarse pequeños objetivos a corto, medio plazo: la nota que quiero conseguir en una determinada asignatura, un plan de ocio que quiero hacer en verano, visitar a un amigo…

Es probable que no sepan cómo empezar y ahí nosotros podemos echarles una mano. Siéntate con tu hijo y ayúdale a definir esas metas.

Cómo ayudar a tu hijo a definir metas a corto plazo

  • Ayúdale a distinguir entre un objetivo y una expectativa; es decir, ayúdale a definir un objetivo que sea:
  • Específico
  • Medible
  • Realizable
  • Realista y
  • Limitado en tiempo

Una cosa es decir: “si apruebo me gustaría hacer un curso chulo” y otra cosa es decir “si saco una 7 de media quiero ir en el mes de julio a hacer un curso de surf a Valencia”. No suena igual ¿verdad?

  • Una vez fijado ese objetivo, guiale para que detalle qué puede hacer para conseguirlo: qué necesita hacer para sacar esa nota de media, cuánto cuesta el curso, cuándo hay que hacer la reserva, cómo va a viajar, dónde se va a hospedar, etc.

Visualizando el objetivo

Este ejercicio le permitirá identificarse más con su objetivo y podrá empezar a visualizarlo.

  • Visualizadlo juntos. No es lo mismo decir algo que sentir algo. Si visualiza el objetivo obtendrá una mayor motivación para mantenerse en el camino. Pregúntale cómo se ve haciendo el curso, cómo se siente, qué hay alrededor… Sus emociones le ayudarán a recordar ese momento y a tenerlo presente cada vez que piense en los pasos que necesita dar para conseguirlo.
  • Formula los objetivos siempre en positivo. Nuestra mente toma cada palabra que le decimos como una guía. Si tú te dices que algo es muy difícil y que a lo mejor no puedes hacerlo, tu mente entenderá que eso es precisamente lo que quiere y potenciará la dificultad. Y tú progresivamente te irás alejando del objetivo y de tu motivación.

Eres capaz, que puedes y sabrás encontrar la forma de conseguirlo

Sin embargo, si tú te repites que quieres conseguir algo y que lo vas a hacer, que eres capaz, que puedes y sabrás encontrar la forma de conseguirlo, tu mente se preparará para el éxito.

  • Anima a tu hijo a que se ponga manos a la obra ya. Ahora es el momento. Dejar las cosas para más adelante, “cuando termine este trimestre”, “empiezo la semana que viene”, “un día de estos, llamo” … eso no funciona. Recuerda, el movimiento se demuestra andando.

Y por último, como siempre os digo: si le dices a tu hijo algo que tú no eres capaz de realizar, pensará que le estás tomando el pelo y no te hará mucho caso.

Si tú no eres capaz de fijarte objetivos positivos y también repites lo que no quieres en lugar de lo que quieres…

¿Qué crees que terminará haciendo él/ELLA?

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Coach internacional, conferenciante, formadora y experta en Programación Neuro-Lingüística, me ha especializado en los 3 pilares educativos: madres/padres, adolescentes y profesores. Empresaria desde los 20 años y apasionada de las personas, he desarrollado la gestión del conflicto, la mediación y la conciliación.Actualmente imparto formación a madres/padres, profesores y adolescentes, doy conferencias sobre Comunicación Afectiva y Efectiva. Realizo sesiones de coaching individuales y sesiones de coaching al sistema familiar.

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