Rita y el Día de la Mujer Trabajadora

¡Hola familia!

¿Cómo estáis, corazones? (Uy he sonado como Anne Igartiburu…)

¿Qué tal ha ido la semana? La mía muy bien por varios motivos:

  • Por fin se secó la ropa que tenía tendida en la cuerda… ha estado dos semanas tendidas y no conseguía que se secara. Cuando llovía no tenía sentido quitarla de la cuerda y cuando paraba de llover – tonta de mi – me quedaba con la esperanza de que se secaría en unas horas. Creo que del bolsillo del pantalón vaquero de Toni han salido algunos renacuajos, no os digo más.
  • La más importante: ha sido el Día de la Mujer Trabajadora y ¡yo he hecho huelga de mujer! Por primera vez en mi vida he parado de verdad de ser mujer-madre; mujer-profesional; mujer-cuidadora… y todo a la vez.

Rita y el Día de la Mujer Trabajadora

No soy yo muy partidaria de las huelgas, la verdad; pero en esta ocasión las razones me parecieron tan de peso que me decidí rápidamente. Ir a hablar con la madre directora me costó un poco más porque ya os he dicho alguna vez que la directora, monja y todo, tiene un carácter insoportable y una mirada que parece que te lanza misiles.

Lo estuve pensando desde el fin de semana pasado y finalmente el miércoles por la mañana entré en su despacho y, muy digna, le dije: “Madre, mañana no vengo. Voy a unirme a la huelga feminista y por la tarde me voy a ir a la manifestación”. Cuando levantó la mirada de los papeles que estaba leyendo y me miró vi pasar mi vida entera por delante de mis ojos. ¡Creí que ahí acababa mi aventura vital! Pero no; simplemente me contestó: “Usted sabrá lo que hace” … no sé si dijo algo más porque salí del despacho como alma que lleva el diablo y me fui a tomar aire a la calle.

Cómo empiezan mis mañanas 365 días al año

El jueves por la mañana ni me levanté de la cama para preparar el desayuno a los niños. Puse la radio y me quedé calentita dentro de la cama mientras Toni se peleaba con la leche, los cereales, las tostadas, los bocadillos. Así, en pijama, desde la cama y escuchando los gritos que venían desde la cocina, me di cuenta de cómo empiezan mis mañanas 365 días al año. ¡No sé cómo tengo fuerzas para llegar al colegio! Y eso que, en mi caso, sé dónde están las cosas: mi Toni, después de 16 años viviendo en la misma casa, todavía no encuentra las galletas… a lo mejor, si las buscara más a menudo… ahí lo dejo.

Cuando se fueron de casa me levanté, como una reina, me duché, me lavé el pelo, me puse mascarilla, crema corporal, desayuné y me leí los periódicos por Internet. Todo eso lo hago cada día, pero nunca todo junto, ni en silencio ni con tanta calma. ¡Qué experiencia!

¡Bendito sea Dios qué charla me dio!

Lo malo es que cuando acabé de hacer todo eso eran sólo las 10 de la mañana y ya no sabía qué hacer. Bueno, eso fue hasta que me llamó mi madre por teléfono. Había llamado al colegio y le dijeron que no había ido a trabajar y se había preocupado. ¡Bendito sea Dios qué charla me dio! Tentada estuve de decirle que había cambiado de opinión y que me iba a trabajar por no oírla.

El resto de la mañana lo pasé pensando y debo confesar que se me hizo el día larguísimo. Debe ser la falta de costumbre de estar de brazos cruzados.

La verdad es que fue un día especial. No me pasó nada loco como normalmente acostumbra, excepto que me fui al centro en coche y me pusieron una multa que me hizo acordarme de los antepasados del agente implicado… seguro que a él también le había tocado hacer alguna labor doméstica que normalmente hace su mujer y estaba rebotado…

Basta ya

Sé que esta aventura que yo viví el día 8 de marzo probablemente no os arranque ninguna sonrisa, como – espero – ocurre en otras ocasiones, pero reconozco que no me ha salido hacer humor de algo tan serio como los motivos que han llevado a millones de mujeres en todo el país a decir “Basta ya”. Los abusos, la violencia de género, la brecha salarial, el machismo no tienen ninguna gracia y ya va siendo hora de que desaparezcan de nuestras vidas.

Por eso en esta ocasión si no os arranco una sonrisa, espero arrancaros un pensamiento de solidaridad hacia un colectivo que todavía sigue luchando por obtener el sitio que les corresponde.

¡Feliz semana!

No hay comentarios

Dejar respuesta