Ahora que acaba de comenzar el curso, es bastante probable que en vuestras casas se haya producido una charla y/o negociación con vuestros hijos respecto a lo que esperáis de ellos en los estudios y a los objetivos que deberían fijarse.

Y, normalmente, esta charla va seguida de la promesa de un precio o una recompensa por el esfuerzo realizado y los objetivos conseguidos.

Premiando notas

NO sería la primera vez que escucho que los padres prometen a sus hijos un viaje, un móvil de último modelo o, incluso, una moto si sus notas alcanzan la media esperada y deseada por los padres … insisto, por los padres, no por los hijos.

Los expertos ya han alertado del riesgo que supone premiar las notas y el esfuerzo con algo material, costoso y negado en otras ocasiones.

Los riesgo de premiar las notas y el esfuerzo de nuestros hijos

El niño o el adolescente debería entender que el premio está en el aprendizaje en sí mismo, en el descubrimiento de nuevas cosas, en la superación de los obstáculos.

Si el estímulo es un premio material, corremos el riesgo de que el joven se vuelva un “esclavo del estímulo material”. Si no consigue el objetivo marcado, su sensación de fracaso y su frustración será incluso mayor: ni ha conseguido las notas ni ha conseguido el premio.

Reconocer el esfuerzo

A todos nos gusta que nos celebren los éxitos, que nos premien y aplaudan el esfuerzo. Si después de una dura jornada de trabajo, nuestro jefe nos felicita y nos reconoce la labor realizada, seguro que nos vamos a casa mucho más contentos y volvemos al día siguiente con energías renovadas.

Esto es lo que debemos hacer con nuestros hijos: reconocerles el esfuerzo, celebrar los resultados, animarles a que sigan en ese camino y se superen cada día. Pero no se deben comprar los resultados.

Los riesgo de premiar las notas y el esfuerzo de nuestros hijos

Las notas de nuestros hijos

Es lo habitual que midamos el rendimiento escolar de nuestros hijos en función de las notas que obtienen y que, a veces con gran angustia, nos traen a casa.

Muchos padres trasmiten a sus hijos la necesidad (casi obligación) de obtener “un 10” en todo y cuando las calificaciones están por debajo de esa nota se siente frustrado, incluso furiosos y transmiten esa frustración a los más pequeños.

Afirmaciones como “si yo sacaba un sobresaliente en matemáticas, tú también puedes” o “tu obligación es sacar buenas notas” o “desde luego, en los estudios no te pareces a mi” pueden generar angustia y desmotivar mucho a quien las escucha.

Las notas no deberían ser lo único a valorar

Es cierto que las notas son un baremo por el que medimos los resultados obtenidos, pero NO DEBERÍAN SER lo más importante ni lo único que se valore.

Para algunos chavales memorizar datos, fechas o materia les puede suponer un esfuerzo adicional y sin embargo pueden ser brillantes en materias relacionadas con la lógica o con otras competencias.

No debemos exigir a nuestros hijos los mismos resultados que nosotros – se supone – sacábamos en nuestra etapa escolar.

ni podemos exigirles que estudien de la manera que nosotros lo hacíamos.

A veces, obligamos a nuestros hijos a estudiar sentados, en silencio y sin moverse, cuando lo que ellos necesitan es estudiar en voz alta y levantarse cada cierto tiempo para despejarse.

Premiando notas

Nuestros hijos son diferentes a nosotros, sus padres

Cada persona tiene más desarrollado un canal de aprendizaje y eso hay que explorarlo y respetarlo. Y cada uno realiza un nivel de esfuerzo diferente para obtener un resultado. Para algunos chicos, un aprobado supone un esfuerzo mayor que para otros lo supone la obtención de un sobresaliente.

Si tú ves que tu hijo se esfuerza, estudia y no consigue los resultados que tú esperas, antes de castigarle o regañarle, intenta averiguar qué puede estar pasando, qué se puede variar o qué puede necesitar.

Y, en cualquier caso, aplica el sentido común a la hora de prometer premios materiales.

¿Qué opinas? ¿Premias las notas de tus hijos? ¿Te funciona?

¡Feliz semana!

 

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Coach internacional, conferenciante, formadora y experta en Programación Neuro-Lingüística, me ha especializado en los 3 pilares educativos: madres/padres, adolescentes y profesores. Empresaria desde los 20 años y apasionada de las personas, he desarrollado la gestión del conflicto, la mediación y la conciliación.Actualmente imparto formación a madres/padres, profesores y adolescentes, doy conferencias sobre Comunicación Afectiva y Efectiva. Realizo sesiones de coaching individuales y sesiones de coaching al sistema familiar.

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