Periplo lusitano: el viaje

Hola amigos. ¿Cómo estáis?

Yo acabo de iniciar mi aventura lusitana y quiero compartir todos los detalles con vosotros, así que me he comprado un cuaderno y empiezo a estrenarlo en este preciso momento. Me encanta estrenar un cuaderno, no lo puedo evitar. Me recuerda la sensación que tenía cuando era pequeña y mi madre me compraba los cuadernos nuevos para empezar el curso: tan nuevos, tan limpitos… nada que ver con la apariencia que tenían al mes, cuando ya habían perdido la portada, la mitad de las hojas y alguna de tus amigas te había pintado un “a Rita le gusta Mariano”. ¿Os acordáis? Ya, ya sé que de que a Rita le gustaba Mariano no os acordáis; digo de lo demás.

Periplo lusitano: el viaje

Bueno, a lo mío. Hoy sábado 29 de abril pongo rumbo a Lisboa y ya empiezo a entender por qué mi directora ha decidido que sea yo la coordinadora del proyecto:

  • Es un proyecto de bajo presupuesto. Esto se lee así y se traduce como: Rita vamos peor que mal de dinero así que prepárate a pasarlo jodidamente durante dos semanas.
  • Como consecuencia de lo anterior, no se viaja en avión: se viaja en tren (y dando gracias porque si me llegan a mandar en autobús hubiera sido mucho peor).
  • También como consecuencia del primer punto, voy a una residencia de monjitas con las que vamos a poner en marcha el proyecto. ¡Otra vez y ya he perdido la cuenta! No hay manera de que me manden a un hotel y yo ya no tengo edad para compartir habitación con nadie. Si me apuras, ni con Toni.
  • Se me ha ocurrido preguntar si había dietas y Sor Teresita me ha dicho que las hay de todas clases: de verduras, la dieta del melón, la de la proteína pero que a mi me aconseja que coma menos y no haga locuras. No le he dicho tres cosas porque además de ser monja es la directora, que si no…

El viaje…. el tren

Os diré que, dentro de todo, me hacía ilusión viajar en tren: me imaginaba un tren de esos de las películas, con un vagón restaurante donde las parejas pueden tener una cena romántica. Yo, como voy sin pareja, ya tenía planeado, darme un capricho y tomarme una cena como dios manda. Ya tenía prevista hasta la ropa que me iba a poner: guapa, guapa, reguapa para ir a cenar, con vino y con cubertería y cristalería de lujo mirando el paisaje por la ventanilla.

Siempre me ha parecido muy romántico ver el atardecer a través de las ventanas, con una copa de vino de esos que se piden en francés y que te suele servir un camarero guapo que te llama señorita y siempre lleva un mechero para encender las velas de la mesa o para encenderte el cigarro (eso era cuando se podía fumar).

La cruda realidad: proyecto de bajo presupuesto

El caso es que todos mis sueños se han ido al garete cuando me he dado cuenta de que “proyecto-de-bajo-presupuesto” es incompatible con todo lo anterior. Es compatible con viajar en turista, en lo que dicen coche cama y compartiendo espacio con otras tres personas.

En cuanto al vagón restaurante, mejor no os lo describo. Ni velas, ni cristalería, ni cubertería: con los precios que tienen me he comprado el bocadillo y una cerveza. He pedido bocadillo de jamón serrano, aunque la verdad es que entre los dos trozos de pan todavía no he conseguido ver ni la loncha de jamón, ni el aceite de oliva, ni la miga del pan. Eso está más seco que la mojama.

Mis compañeros de viaje

Menos mal que de las otras 3 personas que viajan conmigo en el vagón son dos mujeres y un adolescente, hijo de una de ellas. Sé que es adolescente no porque le haya preguntado la edad, sino porque tiene la cara llena de granos y unos brazos larguísimos que balancea al andar y que le llegan hasta las rodillas. Vamos, como los adolescentes.

Por un momento he pensado que podría haber ocurrido que me hubiera tocado viajar con 3 señores, o con tres adolescentes… ¡En cualquier caso, me hubiera tirado a las vías!

De momento estamos todos muy entretenidos, cada uno con lo suyo: el chico abducido por el móvil, su madre haciendo ganchillo, la otra señora con los cascos y yo con mi cuaderno.

Deseando estoy de que llegue el momento de ponerse el pijama.

El que nace para martillo….

Me viene a la memoria un refrán que a veces dice mi madre: “El que nace para martillo, del cielo le caen los clavos”.

Seguiré informando.

Un abrazo y que sepáis que me voy a comer un pastelito de Belén por cada uno de vosotros, aunque vuelva a casa con 10 kilos de más. Ya que no hay dietas, habrá pasteles.

Vuestra Rita.

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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