Para el calor, lo mejor es una escayola

¡Hola familia! ¿Cómo estáis? ¿Seguís enteritos u os habéis derretido ya? ¡Madre de Dios, qué calor hace!

Ya, ya sé que me estoy repitiendo y que es la expresión que más se oye en todas partes en los últimos días, pero ¡no se me ocurre nada original!

Para el calor, lo mejor es una escayola

Yo os tengo que decir que estoy especialmente sensible y calurosa.

La semana pasada sufrí un pequeño percance y llevo cinco días con un brazo escayolado, lo cual siempre es molesto, pero más aún con este clima subsahariano.

¿Que qué me ha pasado?

Os lo cuento: resulta que habíamos decidido ir de excursión en familia y antes yo tenía que pasar por la farmacia a comprar unas cosas.

No hace falta que os diga que preparar a mi familia para salir a pasar el día fuera es una tarea larga, tediosa y exasperante… vamos, que cuando estás listo para salir, tienes una mala leche importante.

“Que te vistas… a desayunar…  lávate los dientes…”

Rumbo a la farmacia

Y así es como puse yo rumbo a la farmacia mientras Toni terminaba de hacer las coletas a Paula y ponía protección solar a los MEO.

El caso es que iba yo por la calle a mil por hora, entretenida en mis pensamientos cuando, al llegar a la puerta de la farmacia, no sé qué hice pero  en un segundo me vi cayendo al suelo como si fuera un chopo recién cortado.

No me dio tiempo a decir “mu”

No me dio tiempo a decir ni “mu” y ya estaba tirada en la calle todo lo larga que soy con un taxista, un albañil, una señora y un perro mirándome fijamente y preguntando: “¿Está usted bien”? Bueno, el perro no preguntó nada.

El perro pensó “menudo hostión (mil perdones) que se ha dado esta buena mujer…” Lo sé porque los perros tienen la capacidad de mirarte y decirte con los ojos lo que están pensando… casi como si salieran subtítulos de su retina. Y yo me fijé en sus ojos y lo leí claramente.

Hasta para llevar escayola hay que tener gracia

El caso es que me levantaron como pudieron y yo, que soy muy orgullosa para mis cosas, con las mismas me sacudí un poco el polvo, me atusé el pelo y me fui a mi casa. Lo demás os lo podéis imaginar: tres horas en Urgencias, radiografía y escayola. Y ahí me di cuenta de que hasta para llevar escayola, hay gente que tiene gracia y gente que no.

A la vez que a mí, le pusieron otra escayola a una jovencita monísima: quedó tan elegante con sus vaqueros cortos, sus chanclas de playa y su brazo enyesado… y después salí yo: con mis kilos, mi pantalón con un siete que me hice al caerme y con la coleta del fin de semana, era lo más parecido al muñeco de Michelín lesionado.

¡Lo pueden hacer todo a la vez!

Os podéis imaginar cómo ha sido mi semana después de eso. La parte buena es que no cambio pañales, no cocino, y no paso calor en el colegio (lo paso en casa).

La parte mala es que la escayola da un calor tremendo, no puedo salir a la calle porque no me puedo vestir sola, y tengo a mi madre y a mi suegra instaladas en el salón contándose sus aventuras, su receta del gazpacho y criticando a sus maridos….

¡Lo pueden hacer todo a la vez!

Estoy tan desesperada que …..

Estoy tan desesperada que me planteo pedir el ingreso voluntario en un hospital, aunque sea en la planta de psiquiatría…

Me estoy dando cuenta de lo frustrante que es no poder hacer las cosas sencillas del día a día como, por ejemplo: sujetar el cepillo y poner la pasta de dientes a la vez, lavarse las manos cuando una termina de hacer sus cositas en el baño o ¡pelar gambas!

El otro día me invitó mi madre a tomar el aperitivo y, como estaba generosa, pidió una botella de vino blanco y una ración de gambas a la plancha.

No os imagináis lo mal que lo pasé esperando a que me fuera pelando las gambas, sobre todo teniendo en cuenta que es su plato favorito y que por cada una que me pelaba, ella se comía cuatro.

La moda de los baños unisex

Me desesperé tanto, que me fui a relajarme al baño. Por cierto, no sé por qué, ahora se ha puesto de moda que en los baños de los bares y restaurantes son unisex.

Es decir que lo mismo te encuentras a una madre cambiando los pañales que a una jovencita pintándose los labios o a un maromo de dos por dos, que te pregunta con voz ronca si están todos los baños ocupados.

Y eso es precisamente lo que me pasó a mí: sólo había un joven en el baño, alto y trabajado en el gimnasio, esperando su turno.

Yo, en mi estado, no tuve más remedio que decirle con un tímido hilito de voz, “¿te importaría hacerme un favor?, ¿me puedes lavar la mano?”.

Me miró un poco sorprendido, pero creo que no se atrevió a decirme que no. Incluso creo que él estaba más incómodo que yo.

Entre brochetas y crochet

En fin… pero como sabéis que yo soy una mujer positiva por naturaleza, acabo de encontrar algo bueno a esta situación.

Buscando algo que pudiera ser introducido entre la escayola y el brazo para rascarme, he encontrado una bolsa de palitos de brochetas en el fondo de un cajón y una importante colección de agujas de tejer escondidas en el canapé de mi cama.

Ahora tengo claras dos cosas que van a pasar en los próximos días: mi Toni me va a hacer para cenar brochetas de salmón y verduras (aprovechando que tendrá que fregar la plancha después) y mi madre va a empezar a tejer chaquetitas para los MEO, a ver si así se entretiene y deja de darme remedios caseros que me tiene la cabeza como un bombo.

Esta semana y con todo el cariño del mundo, os mando … ¡a tomar el fresco!

Besos,

Rita

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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