Mujeres que rien

El otro día estaba tomando un café con dos buenas amigas en la cafetería de un centro comercial y, casi de repente, me encontré con mi querida amiga Rita. Hacía años que nos veíamos en persona. Nos conocimos en el colegio y siempre hemos tenido una relación (la mayoría de las veces epistolar) más o menos frecuente. Pero vernos para charlar de nuestras cosas ha sido más difícil.

Os cuento la razón: Rita vive, como yo, en una gran ciudad. Está casada, tiene 6 hijos, un perro de nombre “Perro”, un gato llamado “sin nombre” y un loro que responde al nombre de “Mojón”. Además, Rita sigue trabajando como profesora en un colegio religioso.

Es decir, no tiene tiempo para muchas visitas. Pero Rita ha conseguido mantener y aumentar su círculo de amistades gracias a una costumbre de la infancia: las cartas. Cada noche Rita escribe una carta a alguna de sus amigas (o amigos), a algún personaje famoso o simplemente a la vida. Todas esas cartas reflejan la visión que Rita tiene de lo que la  rodea y están llenas de su bendita locura, de su sentido del humor y del optimismo del que siempre ha hecho gala.

Cuando nos vimos le pregunté por su obra epistolar y me dijo “Mira, las voy a tirar porque ya no sé dónde guardarlas. Esa manía mía de guardar una copia de todas las cartas me trae por la calle de la amargura. Venga a escribir y guardar, escribir y guardar… parezco un notario de pueblo”.

“¿Por qué no las publicas, Rita?”, dije yo toda emocionada.

“¿Y dónde las voy a publicar?”, respondió.

“Mujer, yo voy a empezar a colaborar en The Damass Blog. Si quieres probamos…”

“¿Me vas a pagar?”

“No”.

“Vaya por Dios, ya me parecía a mi. Bueno, acepto pero a cambio te quedas con mi prole una vez al mes un sábado por la tarde para que yo me pueda ir tranquilamente a mis cosas”.

Todavía no sé por qué he aceptado pero lo he hecho. Más que nada porque soy alérgica al pelo de los animales, los niños en grupo no me suelen gustar mucho y el marido de Rita, “su Toni” me suele provocar sarpullidos en la piel.

En fin, por lo menos espero que las cartas de Rita os arranquen alguna sonrisa porque, yo no sé vosotras, pero yo necesito reír casi tanto como Toni necesita un injerto de pelo… (Virgen Santa qué entradas tiene”).

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Mujer, madre, hija, esposa, emprendedora y rebelde… ¡esa soy yo! Me llamo Mercedes Rico, me confieso luchadora y con una gran capacidad de reinvención. Me he caído y me he levantado muchas veces. En algunas ocasiones he perdido el sentido del humor, pero ha sido muy pocas veces. Me gusta reír y arrancar una sonrisa y creo que la imaginación es el único secreto para tener una vida más o menos feliz. En la actualidad compagino mi labor como coordinadora académica en un centro de enseñanza con mi proyecto LAS COSAS DE MERCEDES. Tengo un deseo: arrancaros una sonrisa.

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