Menudo fin de año

¡Hola queridas! ¿Cómo estáis? ¿Preparadas para la Navidad?

Yo sí: ya estoy plenamente integrada en el espíritu navideño. He puesto un Belén, un árbol de Navidad, me he comprado un gorrito de Papá Noël y unos cuernos de reno en la Plaza Mayor (son los efectos colaterales de la comida de Navidad de amigos…) y he empezado a celebrar las Fiestas con los compañeros de trabajo, los antiguos compañeros del colegio, de la facultad, con los vecinos, con las compañeras del gimnasio… ¡y todo son comidas y cenas!

¡¡Menudo fin de año!!

Resumiendo, para hacer juego con el gorro de Papa Noël he engordado ya 3 kilos. No me quiero imaginar lo que va a ser de mi el día 7 de enero. Me quedan los turrones, los polvorones, las copas de Navidad y Nochevieja y los roscones de Reyes. ¡Viva la Navidad!

No sé si será por este estrés gastronómico y fiestero o porque ya estoy harta del año 2018 y quiero que empiece ya el siguiente, la cuestión es que estoy en un estado de nervios que no me aguanto. Tengo un mal humor y una poca paciencia que, incluso, me extraña a mi misma (no os digo a los que me rodean).

Este año ha sido, para mi, un año tristón

Este año no me ha gustado nada, la verdad. Me ha parecido un año tristón, lleno de conflictos interiores y exteriores y con muchas ganas de mandar al carajo a la mitad de la población (de ellos, a unos cuantos, efectivamente, los he mandado…)

Para que os deis cuenta de lo que os digo, os voy a contar lo que me pasó hace unos días:

Salí de trabajar con los gritos de mis alumnos y los villancicos grabados a fuego en la neurona que me debe quedar libre en toda mi cabeza y, además, con una lista para el supermercado más larga que un día sin pan (frase de mi madre). Llegué corriendo al super, con la presión de que no llegaba a tiempo de recoger a los MEO del cole.

Después de dar unas cuantas vueltas encontré un aparcamiento relativamente cerca. No os cuento cómo entré en el supermercado; creo que dejé la marca de las ruedas del carrito en el suelo como si se tratara de un deportivo de una película americana. De hecho, creo que hubo más de una persona que todavía no está segura de haberme visto… sólo vieron una sombra.

En un tiempo récord compré lo que tenía apuntado, pensé qué iba a hacer de cena, lo compré, hice un viaje mental a la nevera tal como la había dejado por la mañana y encontré todo lo que faltaba para rellenarla y… salí triunfal del establecimiento conduciendo el carro con una mano y con la otra sujetando parte de la carga para que no se me volcara…

¿¿¿¿¿¿A que os suena???????

La cosa es que de esta manera llegué a mi coche y vi que un(a) gracioso(a) había aparcado en segunda fila y yo no podía salir. Toqué el claxon, pregunté en el estanco, en la lotería (todo esto con el carro como acompañante) y nada, ni rastro del acusado.

Una señora que pasaba por allí se acercó y como una voz muy tranquila y calmada me dijo: “pruebe donde las apuestas”. Al lado había un local de esos de apuestas deportivas y allá que fui.

¿De quién coñ… es el Zafira?

¡Me teníais que haber visto! Creo que abrí la puerta con el carrito como si fuera parte de un comando de los GEO. Y al grito de “¿De quién coñ… es el Zafira que está aparcado en doble fila? Me planté en medio del local.

Ahora lo pienso y me muero de vergüenza pero en ese momento, estaba tan fuera de mi que hubiera hecho cualquier cosa.

Tímidamente, del fondo del local salió un caballerete de unos 35 añitos, muy peinado, muy bien vestido y con una sonrisa seductora se dirigió a mi. “Uyyyy, perdona, no me he dado cuenta”, me dijo.

Lo que ocurrió a continuación prefiero olvidarlo. Creo que si me hubiera insultado no me hubiera enfadado tanto. De repente me vi agobiada, siempre corriendo, con dos manos que se multiplican por 10 y una cabeza que se tiene que multiplicar por 200 para llegar a todo y me di cuenta que, a pesar de todo eso, iba a llegar tarde a recoger a mis hijos al cole porque un joven le había dado por apostar unos euros …

No os cuento los detalles. Sólo os diré que tuvo que intervenir el dueño y me calmé cuando me dijo que iba a llamar a la policía y me vi en comisaría con el carro y llamado al cole para explicar la razón por la que los MEO se tenían que quedar allí …

Este año no sé si pedirle a los Reyes Magos un poco de paciencia o unas clases de Artes Marciales por lo que pueda pasar en el futuro.

¡Feliz Navidad!

Rita

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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