Cuando uno va a comprarse una camisa, lo normal es que lea detenidamente la etiqueta que cuelga de la prenda: en ella tenemos información de “lo que en esencia es”. Es decir, sabremos de qué material está hecha, para que tamaño de persona está pensada, dónde está fabricada, cómo debemos lavarla y si podemos o no pasarla por la plancha. Esta información puede condicionar nuestra compra y, por tanto, nuestra experiencia como comprador y su futuro como “artículo” de éxito.

Las etiquetas mejor sólo para la ropa

¿Os imagináis que un día os compráis una prenda guiados por las especificaciones de la etiqueta y esa etiqueta estuviera equivocada? ¿Qué pasaría si en lugar de algodón, la camisa fuera de un material al que sois alérgico? Una equivocación en el etiquetado os podría causar – por lo menos – un gran disgusto.

Ahora os pido que os paréis a pensar en la facilidad que todos tenemos a la hora de poner etiquetas a las personas que nos rodean, incluidos nuestros hijos, ya sea durante la infancia o la adolescencia.

Supongo que muchos habréis escuchado hablar de Thomas Alva Edison, el famoso inventor cuyos inventos tuvieron un importante impacto en la luz eléctrica, el suministro público de electricidad, la grabación del sonido o la cinematografía. Importante ¿no?

Pues dice la leyenda que, siendo un niño, un día regresó a casa llorando con una nota de su profesor con el encargo de entregársela sólo a su madre. La nota leída por la madre decía: “Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor enséñele usted”. Y así fue. Años después Edison encontró la nota auténtica en la que se decía “Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela.”

Como Edison hay muchos niños y niñas que sufren el que yo llamo “mal de la etiqueta”. Los adultos fácilmente les ponemos una etiqueta, y olvidamos que ellos se van a convertir en lo que se les dice que son. Si las etiquetas son positivas y realzan los aspectos positivos es fantástico para el desarrollo de los pequeños, pero ¿qué ocurre cuando las etiquetas son negativas y provienen de una mayor dificultad a la hora de realizar una tarea?

Las etiquetas son profecías autocumplidas

Las etiquetas pueden condicionar la vida de un niño, ya sean etiquetas positivas o negativas.

Las etiquetas son profecias autocumplidas

Las etiquetas son profecías autocumplidas

Es cierto que muchas veces se necesita poner nombre a un problema o trastorno para buscar el tratamiento, pero en ese caso no estamos hablando de etiquetas: estamos hablando de diagnóstico. Diferente es etiquetar las habilidades o las características de una persona.

Cuando etiquetamos y clasificamos a un niño con dos palabras, le estamos condicionando para el resto de su vida. De esa etiqueta puede depender su autoestima en un futuro, su autoconfianza y la motivación que pueda tener por aprender y por desarrollarse adecuadamente.

Las etiquetas negativas ponen de relieve los rasgos negativos y el niño se lo creerá sin ninguna duda.

Una etiqueta equivocada puede ser terriblemente cruel para la persona

Además, si existe un problema relacionado con sus habilidades o su comportamiento, el poner una etiqueta no lo solucionará; más bien, hará todo lo contrario: lo agravará y evitará un diagnóstico adecuado.

etiquetamos o buscamos soluciones

 

Si una etiqueta es equivocada puede resultar muy cruel para la persona.

En la formación de la identidad, un niño aprende a verse a si mismo tal y como lo ven las personas más importantes para él: al principio serán sus padres y a medida que crezca, otras personas con las que se relacione como, por ejemplo, familiares, profesores, amigos.

Quizás sería aconsejable que, antes de poner una etiqueta relacionada con las capacidades o habilidades de un niño, reflexionáramos sobre cuál es la mejor manera de solucionar esas carencias y potenciar su superación. La práctica de aquellas habilidades menos desarrolladas puede ser la solución para el correcto desarrollo de las mismas.

¿Qué os parece? ¿Etiquetamos o buscamos la solución a lo que más nos cuesta superar?

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Coach internacional, conferenciante, formadora y experta en Programación Neuro-Lingüística, me ha especializado en los 3 pilares educativos: madres/padres, adolescentes y profesores. Empresaria desde los 20 años y apasionada de las personas, he desarrollado la gestión del conflicto, la mediación y la conciliación.Actualmente imparto formación a madres/padres, profesores y adolescentes, doy conferencias sobre Comunicación Afectiva y Efectiva. Realizo sesiones de coaching individuales y sesiones de coaching al sistema familiar.

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