Querido Joaquín,

¿Cómo estás corazón? Espero que estés muy bien, tal como estabas la última vez que nos vimos. No te lo vas a creer, pero cada vez me acuerdo más a menudo de ti. Debe ser que con las obligaciones familiares y profesionales me queda muy poco tiempo para la diversión y por eso mi cabeza vuelve una y otra vez a los tiempos de la Facultad y a las risas que nos echábamos cada día de los 6 años que tardamos en aprobar la carrera. Estoy convencida que nos dejamos aquellas asignaturas para el sexto año a propósito para poder seguir con la diversión un poco más. ¿No te parece que el tiempo de carrera es uno de los más divertidos de la vida de una persona? Técnicamente eres un adulto, pero sigues teniendo las mismas obligaciones que un chaval de 14 años y eso, como dicen mis hijas, MOOLAAAAAAA.  En fin, qué tiempos.

Ayer, sin ir más lejos, me acordé mucho de ti y de cuando todo el grupo nos quedamos encerrados en el ascensor del hotel de Palma de Mallorca. ¿Te acuerdas? Todavía tengo grabada la cara del conserje cuando nos sacó de allí gritando que le habíamos roto el ascensor y que lo teníamos que pagar. ¿Te acuerdas? Vamos, vamos ¡el ascensor tenía más años que el conserje y, si me apuras, que la urbanización entera.

También me acuerdo de la bronca que me echó mi padre cuando volvimos a casa y llegó la denuncia. ¡Estuve sin salir los fines de semana más de 3 meses! ¡Y sin paga 6! Menos mal que me busqué la vida y me puse a cuidar niños. Por lo menos para tener para el tabaco.

Que me lío. Te decía que ayer me acordé porque me pasó lo mismo. El caso es que me convenció mi amiga Luisi para que la acompañara a una presentación de un robot de cocina que por lo visto es una maravilla. Yo fui por salir de casa porque de un tiempo a esta parte, me hablan de cocina y se me saltan las lágrimas. No te puedes hacer idea de lo harta que estoy de pensar menús y de cocinar. Menos mal que todos comen en el colegio y mi marido también come fuera. En el próximo claustro voy a proponer a la directora que dé a los padres la opción de llevarse la cena de los niños a casa en un tupper. Yo lo contrataría seguro. (Mejor no le digo nada porque con la rabia que me tiene, lo mismo me pone a coordinar el proyecto y me veo cociendo judías verdes para todo el colegio).

Pues eso, que fuimos a ver cómo funcionaba el robot y a recoger el regalo que prometían en la invitación. Cogimos el ascensor con un botones perfectamente uniformado con los colores de la marca del robot, una señora o señorita espectacular (por el cuerpazo que tenía parecía señorita, por las arrugas en el cuello, parecía la abuela de la señorita) y un caballero muy trajeado y muy serio que no miraba de frente y que no dio ni las buenas tardes: parecía que se había tragado una escoba.

Nueva historia de Rita Historia de un ascensor

Y aquí empieza la Historia de un ascensor

Yo creo que no subimos ni un piso cuando se paró el ascenso. El botones se quedó pálido (mudo no podía porque no hablaba ni una palabra) porque creo que ni en su peor pesadilla se había imaginado algo así. La “señoritabuela” empezó a gritar porque dijo tener claustrofobia y el “señorescoba “se empeñó en decirle que no se preocupara y que no montara un escándalo. Tan nervioso se puso que le dio como un tabardillo (él decía que era un infarto, pero qué va…). Ahí descubrimos Luisi y yo que se conocían, aunque habían intentado que no se les notara. A Luisi y a mi nos entró la risa floja y era un no parar.

En los 45 minutos que tardó el conserje en llamar a manteniemiento y mantenimiento en llegar nos pasó de todo. ¡Lo que hace el miedo! Señorescoba ya te he dicho que se puso malísimo: se quedó blanco como la cal y no paraba de repetir: si salgo de esta alquilo un apartamento para vernos y no vuelvo a coger un ascensor en mi vida.

La señoritabuela por su parte repetía una y otra vez: alquiler no porque es tirar el dinero; mejor me lo compras como inversión. Y que tenga muchas ventanas y jardín que yo tengo claustrofobia. Mira hasta dónde llegó la histeria que nos dictaron una especie de testamento que tuvimos que apuntar en un kleenex porque nadie llevaba ni un triste papel. Señorescoba le dejaba una parte de sus bienes, un poco que le debía quedar después de repartir entre su señora y sus 4 hijos (como diría mi madre, no le dejaba ni para pagar una misa).

Cuando le pidieron al botones que firmara como testigo, dijo que ni hablar. Ahí descubrimos que era rumano y que no tenía papeles; por eso no quería firmar en ningún sitio. Le habían “contratado” para el tema del robot porque era primo del novio de la secretaria de la mujer del organizador. ¿Te has enterado? Yo tampoco: creo que pasaba por allí y le tocó. El caso es que firmamos Luisi y yo.

¡Qué aventura! Del robot no vimos nada y, por supuesto, nos quedamos sin regalo pero tampoco importa porque era un boli de esos que parecen buenos pero que se rompen antes de que escribas la lista de la compra. Ahora, eso si: ¡nos reímos lo que no está escrito!

Al final mantenimiento abrió la puerta. El botones salió corriendo como si no hubiera un mañana. Señorescoba bebió agua y se espabiló un poco. Se negó en rotundo a que le llevaran al hospital y, mucho menos, a que avisaran a su mujer (je,je,je, pillín). Señoritabuela, por su parte, se llevó una sorpresa monumental cuando descubrió que conocía al jefe de mantenimiento que abrió el ascensor. El hombre se alegró de verla pero ella salió pitando del ascensor repitiendo una y otra vez que el hombre se confundía (para mi que no).

Y adivina ¿quién crees que tiene el kleenex con el testamento? ¿Yo? Nooooooo. Lo tenía yo hasta que llegué a casa y tuve que limpiar la nariz a uno de los MEO. Ha quedado inservible del todo.

De verdad que lo que no me pase a mi….

 

Rita

 

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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