Fiesta de cumpleaños

Queridas amigas, ¿cómo estáis?

Espero que bien y muy abrigadas porque ¡válgame Dios, qué frío hace! Esta mañana he bajado con los MEO a dar un paseo y a jugar un rato al parque y al subir casi nos tienen que meter en el microondas a descongelar.

Fiesta de cumpleaños

Pero, la verdad, es que no me importa. Este fin de semana he decidido descansar y no hacer nada, así que me viene muy bien que haga frío: sofá, manta y peli de esas de amor y mocos, como dice que mi querida amiga Patri.

Y es que lo necesito. Estoy agotada. A la rutina diaria de la casa, el trabajo, 6 hijos (dos de ellos adolescentes), un marido, padres, suegros y demás familia, he añadido una fiesta de cumpleaños sorpresa para mi querido maridito. Cincuenta años no se cumplen a menudo y menos mal, porque otra fiesta así yo no la aguanto.

Fiesta sorpresa …. para Toni

Un día se nos ocurrió a las niñas y a mi preguntar a Tony cómo quería celebrar su cumpleaños y, debe ser que le pillamos enfadado, porque dijo que no tenía ganas de celebraciones; que era un lío y que saldríamos a comer por ahí.

Las niñas – que son como yo en materia de fiestas – dijeron que eso no podía ser y entre todas decidimos hacer una fiesta sorpresa. En un principio era una fiesta para la familia (ya somos un pueblo…) pero cuando organizas una fiesta en casa sin que se entere uno de los adultos que vive en ella, no te queda más remedio que pedir favores a los vecinos y, claro, también los tienes que invitar.

Gracias vecinas por tanto apoyo

El sábado pasado, que es cuando se celebró la fiesta, mi edificio era como el camarote de los hermanos Marx pero en plan comunitario. Tony estuvo en casa toda la mañana. Yo me fui a hacer compras, pero me inventé que tenía que preparar una exposición en el colegio para que no fuera raro que no estuviera en casa. Las compras las fui subiendo a casa de mis vecinas: la comida en a casa de Mari y las bebidas a casa de Luci porque todo en una nevera no cabía.

Pedi a mi suegro que se llevara a Tony a comer con la excusa de arreglar unos papeles de un terreno que tienen en un pueblo de la sierra de Madrid y quedé con él en que a las 9 tenían que estar de vuelta en casa.

Un portero con cara de pocos amigos

Quedaron a la 1 y teníais que habernos visto: mi madre, mi suegra, mi cuñada, las niñas y yo estuvimos escondidas en el portal de enfrente hasta que salieron de casa. Era para vernos: atrincheradas en el portal con un carrito de un supermercado lleno de comida y el portero sin parar de mirarnos con cara de pocos amigos. Aunque me conoce (o precisamente por eso) creo que no llegó a creerse lo de la fiesta. Yo creo que pensó que íbamos a hacer una fiesta de mujeres y que íbamos a traer Boys o algo así.

Ríete tu de Master Chef

El caso es que cuando vimos salir a Tony y a mi suegro meterse en el coche, corrimos como alma que lleva el diablo a casa y ahí empezó la contrarreloj. Ríete tú de Master Chef y su prueba de exteriores. Mi cocina sí que era una prueba de exteriores o un campo de batalla. Imaginaos por un momento cuatro mujeres metidas en una cocina, cada una intentando demostrar que ella es la que sabe. Si a eso se le añade que dos de ellas son consuegras y que hay 3 niños de corta edad dando por c…., os aseguro que el día fue como para tomarse un Trankimazín.

Nos reímos como si no hubiera mañana

A las 7 ya lo teníamos todo preparado y se nos habían pasado los nervios. La verdad es que el hecho de habernos bebido una caja de botellines entre las tres ayudó un poco. Nos olvidamos de hacer algunos aperitivos, pero nos reímos como si no hubiera un mañana.

Por eso, cuando llegaron los padres de Chandraraj, el novio de mi hija Blanca, ni siquiera me puse nerviosa. Llegaron vestidos a su manera, mi consuegra guapísima, y el novio de la nena también. El padre, la verdad, muy correcto pero guapo, lo que se dice guapo, no. Menos mal que el nene ha salido a la madre y no al padre.

La lagrimilla de Toni

El momento más emotivo de todos fue cuando llegó Tony con su padre y se encontró con toda la familia, amigos y vecinos metida en el salón; mira que mi Tony es recio y no se emociona ni en las bodas, pero cuando nos vio a todos allí creo que se le escapó una lagrimilla y todo.

Fue una noche muy divertida. Comimos, bebimos, cantamos y bailamos. Chandraraj se empeñó en dedicarle una canción a Tony. Mira que le dijimos que no hacía falta, pero él, erre que erre, que sí, que no le importaba… Y yo, muy correcta, no me atreví a decirle que a él no le importaría, pero a mi sí, que me dormía a los invitados. Y es que, de verdad, qué queréis que os diga, ni entendí esa música el primer día ni la entiendo ahora: no sé lo que dicen y el ritmo me parece soporífero. Debe ser el equivalente a la música de cantautor de los 60 pero en hindú (ahí lo dejo…). Los padres, eso sí, estaban encantados. No entendieron ni uno de los chistes que se contaron durante la fiesta, pero cuando cantó su nene, se vinieron arriba.

Cansada pero feliz cual perdiz

En fin, que lo pasamos muy bien. Nos dieron las cinco de la mañana como en cualquier fiesta que se precie. Terminé agotada, pero mereció la pena. Aunque proteste y me queje, tengo que reconocer que tengo una familia maravillosa a la que me encanta reunir y, si es para una fiesta, mucho más.

Eso no quita que, también, tenga ganas de mandarlos al carajo un par de veces cada hora que pasamos juntos.

¡Feliz semana a todos!

 

No hay comentarios

Dejar respuesta