Feliz día del padre

¡Hola queridos!

En primer lugar, quiero felicitar a todos los Josés, Pepes, a todos los valencianos y muy especialmente al gran Rafa Peiró y, por supuesto, a todos los padres, los que lo son y los que lo serán. Y, para que nadie se dé por aludido (que estamos últimamente muy quisquillosos), también quiero felicitar a todos los demás que me leen cada semana.

Feliz día del Padre

¡Qué emocionada estoy! Me hace una ilusión tremenda celebrar el Día del Padre. ¡Qué queréis que os diga! Me hace tanta ilusión como el Día de la Madre. Si, de verdad. ¿Sabéis por qué? Pues muy sencillo: porque me puedo comportar como una niña pequeña preparando la sorpresa a los padres de la familia: con mis hijos preparo la sorpresa para Toni, con Toni preparo la sorpresa para su padre y con mi madre preparo la de mi padre. ¡Así llevo toda la semana!

Cada año tengo que inventarme alguna cosa y, aunque al principio me agobia un poco, la verdad es que luego lo paso estupendamente y, llegado el momento, me vengo arriba.

Unas veces me sale bien, otras regular y otras es un caos, pero, al final, siempre conseguimos pasar un día agradable todos juntos y echarnos unas risas.

El día del padre del año pasado

El año pasado fue un verdadero caos. Yo estaba a punto de dar a luz y, la verdad, es que no tenía yo el cuerpo para darme muchos paseos a comprar regalos. No tenía cuerpo pero si tenía mucho tiempo para pensar. Me pasé en casa los últimos dos meses de embarazo y ya no sabía en qué emplear tantas horas libres. Cambié todas las cortinas de la casa, me dediqué a comprar muebles por Internet y me hice un curso de macramé a distancia que me costó un doblón y que no me ha servido para nada. Ya ni me acuerdo de cómo se empezaba.

La búsqueda del tesoro

Bueno, a lo que iba: el caso es que se me ocurrió planear una especie de “búsqueda del tesoro” para todos los padres de la casa. Escondí pistas por toda la casa: en jarrones, debajo del sofá, en la casa del perro, en los armarios… Luego dibujé un mapa en una tela, un mapa para cada uno de ellos con sus correspondientes pistas y piezas.

El día anterior, pedí a mis tres queridas niñas que me ayudaran a hacer todo el recorrido para comprobar que estaba todo en orden. No hace falta que os diga que me costó discutir con Blanca porque aquello le parecía una tontería sin sentido y propia de niños pequeños y, perdona, pero ELLA ES ADOLESCENTE.

Marta se enfadó poco después porque descubrió que había utilizado un juego de manualidades que le habían traído los Reyes Magos (y al que no había hecho ningún caso en los 3 meses anteriores). Dijo sentir que no tenía ninguna privacidad y que no se respetaba su espacio (ahí es nada).

El regalo de papá

Paulita, por su parte, se enfadó porque el regalo que había comprado para su padre (en Internet) no le parecía bien. La verdad es que la camisa y la corbata era más bien fea, pero en la pantalla del ordenador, cuando la vi en una tienda online, me pareció mona y ya no había tiempo de cambiarlo. Ella quería regalarle a su papá el osito que la había acompañado desde bebé y que yo quería tirar a toda costa… sospechoso ¿no?

A pesar de todo ello, y con un ambiente que parecía una declaración de guerra, las cuatro revisamos todas las piezas. Yo en modo balancín porque con la tripa que tenía en ese momento, no me quedaba más remedio que ir basculando el peso y caminaba como si me acabara de bajar de un barco.

Esperando a que llegara Toni

Cuando terminamos, pedí comida china al restaurante que hay en mi misma calle y me tumbé en el sofá esperando la llegada de Toni y, sin querer, me quedé dormida.

Me despertó el ruido de la casa, los gritos y los golpes. Resulta que Toni había llegado a casa y decidió dejarme dormir y ocuparse él un rato de las niñas (ya le vale…) El problema surgió cuando no encontró a Paulita. Los gritos eran del padre y de las dos niñas llamando a la pequeña y abriendo y cerrando todas las puertas de la casa (los armarios de la cocina también y no he llegado a entender muy bien la razón).

Dónde está Paulita

Cuando me enteré de lo que pasaba casi me da un tabardillo. ¡Qué susto! No os podéis imaginar lo que se me pasó por la cabeza. Sentía miedo, me sentía culpable por haberme quedado dormida, por todo…

Cuando ya estábamos a punto de llamar a la policía – y después de haber llamado a todos los vecinos por si la niña estaba en su casa – apareció doña Julia, la madre de mi vecina Luz, una portuguesa con más años que la orilla del río y con una sabiduría que me tiene fascinada (un día os hablaré de ella) y la buena señora nos preguntó: “¿Habéis mirado debajo de las camas? Mi hija Luz siempre se escondía debajo de la cama y nos daba buenos sustos”

El osito para Papá

¡Casi la mato! No. A doña Julia no… ¡a Paulita! La encontramos debajo de nuestra cama, dormida como un cesto y abrazada a su osito. Nos dijo que estaba esperando a que llegara su papá para darle el mejor regalo del mundo: su osito.

Yo quería matarla, Toni se la quería comer a besos, Blanca se reafirmó en su teoría de que aquello era una tontería y Marta aprovechó el momento ternura de su padre para pedirle su móvil.

En fin, la verdad es que, pasado el susto, fue un Día del Padre inolvidable. Cenamos todos juntos comida china recalentada y en lugar de ver la tele y acostarnos pronto para disfrutar al día siguiente de la sorpresa, nos tuvimos que ir al hospital porque rompí aguas.

La semana que viene os cuento más.

¡Feliz día del padre!

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión.
Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel.
Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES.
Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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