Después de leer tu post anterior <<SEXO VAINILLA>>, el viernes pasado quedé con mi marido para tomar “Helado de Mango”. Y lo primero que quiero hacer es agradecerte esa puerta que has reabierto en mi matrimonio. Una puerta que hace años pensé, no solo que estaba cerrada, sino también olvidada.

Esta noche… Helado de Mango

Lo primero que hice fue compartir el post con él y estuvimos comentando no solo la falta de diálogo, y sinceridad entre nosotros, sino la falta de apetencia de tomar sencillamente helado. Aquí me llevé una grata sorpresa, ¡¡¡Estábamos de ACUERDO!!! Fue como volver a conectar ese canal de comunicación que desde hace años no utilizábamos. Cuando comenzamos a hablar sobre nosotros, nos dimos cuenta que la falta de práctica, provocaba en nosotros un “rubor” propio de los adolescentes. En ocasiones nos quedábamos callados sin saber muy bien que decir. Entonces le pregunté:

  • “cariño, ¿Tú que echas de menos en nuestra relación?
  • A ti. Sencillamente te echo de menos a ti. Mis conversaciones por la noche cuando todo tu tiempo era para mí y no lo repartías con los niños. Echo de menos esos besos que me dabas como si yo fuera lo más importante de tu vida. Te echo de menos en la intimidad, cuando disfrutaba haciendo el amor conmigo y tu entrega era sincera. Echo de menos cuando venias a mí, sexy y provocativa para disfrutar de una noche de pasión, de esas que hacen de nosotros uno solo. Echo de menos esos juegos en la cama que nos hacían disfrutar el uno del otro. En fin, te echo de menos a ti. Y tú, ¿Qué echas de menos?”

Te soy sincera, tarde un tiempo en contestar, ya que no quería que mi contestación sonara a reproche, ya que a veces mi forma de hablar lo puede parecer.

  • También te echo de menos a ti. Echo de menos esas cenas los dos solos, donde la sinceridad y la confianza eran la base de nuestras largas conversaciones. Echo de menos tu atención y tus detalles. Echo de menos esa mirada de deseo, de querer tomarme entre tus brazos y disfrutar de nuestra intimidad. Echo de menos tu iniciativa en los juegos que nos llevaba a la cama, donde me sentía deseada y amada. Echo de menos a mi marido en el sentido más amplio. Y te confieso que no me gusta en lo que nos hemos convertido, unos compañeros de piso con hijos y gastos compartidos.

Una vez que fuimos claros el uno con el otro, nos propusimos retomar poco a poco aquello que hace feliz al otro. Empezamos planificando una noche fuera de casa, sin niños, trabajo, teléfonos, tan solo nosotros. Planeamos una noche “perfecta” una velada romántica, es algo que me encanta, y él se encargó de reservar una mesa en un restaurante de esos que invitan al diálogo. Después de hablar que “sabores” queríamos probar, nos informamos donde poder comprar ese “conjunto” sexi que él quería.

Fue una noche donde nos complacimos el uno al otro, donde nuestra máxima preocupación era darle placer al otro, sin perder nuestra capacidad de disfrutar de nuevas experiencias.

Fue una noche donde fuimos capaces de romper de un solo golpe el muro invisible que la rutina se había encargado de construir. Fue una noche donde empezó a construirse esa complicidad que nos mantiene unidos con tan solo una mirada.

Fue una noche donde nos encontramos de nuevo y seguiremos construyendo poco a poco con la voluntad de QUIERO QUERER QUERERTE.

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Soy esposa y madre de cuatro hijos y me gusta decirlo en ese orden. Licenciada en ADE y tras mis años de auditora y gestionando presupuestos en una editorial, empecé a tener la necesidad de gestionar esos conflictos que duermen en nuestro interior y que en ocasiones no sabemos expresar. Así que después de varios años haciendo entrevistas a matrimonios y parejas sobre la forma de comunicarnos en un tema tan personal como son los desencuentros afectivos y sexuales, me dedico tanto a dar conferencias como a asesorar y acompañar a muchas parejas con la necesidad de romper esa barrera que se ha creado entre ambos. En definitiva que puedan ver la manera de crecer juntos.

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