Nací hace más de medio siglo (uf que barbaridad de tiempo) en Alcoy (Alicante) algo que siempre digo cuando hablo de mí. Lo que significa que estoy orgullosa de ser alicantina y valenciano parlante. Lamentablemente no puedo practicar todo lo que me gustaría mi lengua materna pues desde jovencita salí de mi tierra y he rodado “un poco” por el mundo.

Nerviosa, algo hiperactiva, parlanchina, amiguera, curiosa, inventora de historias, perdidamente enamorada de los animales (de todos),… solo me quedaba quieta de niña cuando tenía un libro entre las manos, cosa que me sigue sucediendo. De manera que parecía que estaba condenada a la comunicación y a las letras.

No recuerdo desde cuándo, pero mi mayor ilusión era ser periodista y viajar por todo el mundo contando cuentos. La literatura me atraía mucho también, pero me parecía más emocionante transmitir lo que veía y me compartían gentes de todo tipo que la soledad del escritor. Me gustan y mucho las personas.

Por motivos económicos no pude entonces asistir a la facultad de Periodismo. En aquella época solo se podía cursar Periodismo en Barcelona, Madrid o Pamplona y todo quedaba lejos de Alcoy. De modo que me matriculé en Filología Hispánica en Alicante sin saber que ya nunca regresaría a mi ciudad para quedarme.

El Periodismo desde siempre.

Estudiando la carrera empecé a hacer pinitos en algún modesto medio de comunicación: un pequeño periódico de Benidorm, “Canfali”, colaboraciones de verano en “Ciudad” de Alcoy, Radio Cadena Española Alicante, Cadena SER,… Lo mío era el periodismo sin duda. Hacía lo que más me gustaba y encima ¡me pagaban! Poco, poquísimo, es cierto, pero no dejaba de ser un regalo.

Dejé en tercer año definitivamente Filología y emprendí mi carrera profesional en serio en el mundo de la comunicación gracias a mi mejor amigo, a mi compañero de vida, amante, la persona que más admiro,  que se convertiría en padre de mis hijos y que me aguanta desde hace más de 30 años. Él me animó a matricularme en Ciencias de la Información en la Complutense.

Compaginando estudios, trabajo (corresponsal de Diario 16 en Castilla-La Mancha, responsable de la unidad móvil de Antena 3 Radio y subdirectora de la revista Bisagra en Toledo) con las  labores de ama de casa acabé mis estudios y me llegó una oferta irresistible: Directora de Comunicación de la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha.

No es cuestión aquí de contar mi vida, pero tengo que aceptar que aquel cargazo me hizo ver con cierta distancia la calidad de mis colegas periodistas. Aquellas frases grandilocuentes que todos los que nos dedicamos a esta profesión hemos pronunciado alguna vez: “Todo por mis lectores”, “La objetividad es lo que mueve a un periodista”, “No voy a dejarme censurar por nadie”,… no eran más que falsedades. Al final solo puedes hablar o escribir de quien no puede defenderse. El frenético ritmo de las redacciones te obliga a no contrastar o contrastar poco y con los poderosos no te puedes meter sino tienes un gran respaldo editorial detrás.

Descubriendo América y la Formación

En Toledo nacieron mis hijos, Juan y Diana, y siendo muy pequeños, 4 y 2 años, trasladaron a su padre a México. Aquel fue un paso sobre el que he reflexionado mucho. Mis amigos y compañeros de trabajo me decían espantados que cómo iba a abandonar mi brillante carrera por seguir a mi marido. Pero nunca me arrepentí, aquella decisión me enseñó que hay otra forma de vivir lejos del estrés laboral y la búsqueda desesperada del éxito. Aprendí a ejercer de madre (antes de México, me producía más estrés estar con mis hijos que la rueda de prensa más correosa).

Y como seguía siendo una inquieta, en el DF no tardé en moverme para escribir reportajes para El País y otros medios. En la misma época descubrí por casualidad otra pasión que no había detectado todavía en mí: la Formación.

La Universidad Anáhuac de México me abrió sus puertas para conseguir esa maravillosa relación que se establece entre profesor y alumno cuando la comunicación fluye vertiginosa, y comprobar cómo tu audiencia te absorbe las energías cual esponjas y la enorme satisfacción de ver que no solo atrapan lo que les dices sino lo aplican con entusiasmo.

México, Colombia, Panamá, Madrid, Venezuela, Madrid de nuevo,… fueron años de mudanzas, búsqueda de colegios, entrevistas de trabajo, tristes despedidas y grandes descubrimientos tanto de lugares como de personas. Pero ya nunca dejé la formación, a ella me dedico de modo presencial y online, pues cada vez menos importan las distancias y un buen formador debe seguir siéndolo adaptándose a las circunstancias de este mundo en permanente cambio.

Un mundo virtual en medio de la crisis

Las que tenemos una cierta edad sabemos las dificultades de no ser “nativas digitales”. La tecnología a muchos hombres, y especialmente mujeres, nos da miedo. En nuestra época no estudiábamos online ni sabíamos ni qué era eso. Recuerdo que me pasaban mis compañeros de Periodismo los apuntes por fax cuando no podía asistir a la facultad por trabajo y parecía un milagro.

Por el año 95 me inscribí en México a un curso sobre Internet que me producía auténtico vértigo. Pero gracias a empezar como tutora online en la ya extinta Elogos, entendí el enorme potencial de la formación a distancia utilizando la Red.

Si fuéramos capaces de superar la soledad del alumno al otro lado de la pantalla y suplir la falta de interrelación con los compañeros de estudios, sería perfecto: Ahorro de traslados, de dinero, globalización de conocimientos, facilidad de acceso a la información,… todo ventajas.

Cuando la crisis golpeó ferozmente a las empresas dedicadas a la formación, vi como los cursos presenciales que me ofrecían iban menguando así como los honorarios. Mis tutorías online desaparecieron por completo al entrar la empresa para la que trabajaba en concurso de acreedores. Siempre había ejercido mi profesión para otros: medios de comunicación, centros de formación y consultoras.

Y me dije

“Es el momento de hacer el camino en solitario. Total, peor de lo que me va ahora no me puede ir”.

La idea de montar una escuela online ligada a un blog no fue nada fácil, ni lo es en la actualidad. Pelear con WordPress, plugins, widgets, backups, grabar y editar las lecciones con un mínimo de calidad, subir vídeos a Youtube o Vimeo, familiarizarte con una plataforma donde colgar tus cursos, encontrar temas de interés para el blog,… raro es el mes que no se me pasa por la cabeza tirar la toalla y dedicarme a dar clases “a la antigua” aunque utilice mucho los vídeos y los enlaces de Internet en mis formaciones presenciales.

Pero si he llegado hasta aquí con más de 2000 suscriptores, casi 400 seguidores en Twitter, más de 100 alumnos del único minicurso que tengo activo, un blog con bastante seguimiento, un ebook gratuito sobre “Los 5 errores más frecuentes en Protocolo” que cuenta con casi 1000 descargas, un taller online completo sobre “Hablar en Público” que está a punto de salir, no puedo rendirme ahora.

 

Soy bastante activa en redes sociales pues es un modo de estar en contacto con los que me siguen y parece (todavía me sorprende) que les interesan las cosas de las que les hablo: Comunicación, Imagen, Marca Personal y Protocolo.

En un mundo cada vez más expuesto donde la comunicación es todo, creo que puedo ofrecer temas para reflexionar y tomar conciencia de dónde estamos y qué queremos transmitir a los demás, el poder de la cortesía y la autenticidad. Y si eso lo puedo hacer sin importar distancias mejor que mejor. Muchos de mis seguidores pertenecen a países de Latinoamérica y es siempre gratificante estar en contacto con un continente que me dio y me enseñó tanto.

¿El futuro? Quién sabe

Seguiré peleando con mi web y mi escuela online, seguiré aprendiendo, enseñando, intentaré transmitir lo que mi experiencia me ha aportado para, dentro de mis posibilidades, contribuir a un mundo más humano, menos de “escaparate sin fondo”, pues ese es un tema que me inquieta. Estamos cada vez más expuestos y somos más vulnerables.

Mostramos nuestro lado más “cool” sin ningún pudor al tiempo que una crítica anónima y mal intencionada en las redes puede acabar con nuestra reputación, y no solo virtual, pues los mundos virtual y real son el mismo.

Como madre siento cierta angustia de la época que les ha tocado vivir a mis hijos, de 26 y 24 años. El primero, periodista como yo, tiene que luchar en una profesión cada vez más difícil y peor pagada. La segunda, enfermera, conoce como nadie lo que es tener que salir de su país para conseguir un trabajo digno y regresar con la convicción que, a pesar de recortes y guardias agotadoras, lo que tanto trabajo y esfuerzo nos ha costado merece la pena que deje sus frutos aquí.

Tiempos difíciles sin duda, pero ¿cuándo no lo fueron? Tarea de todos es sacar adelante nuestra sociedad, nuestras vidas y nuestras aspiraciones, rodeándonos de gente que nos quiere, y disfrutando  todo lo posible para ser felices. Y esto va inevitablemente ligado al esfuerzo de hacer que los demás lo sean un poco también gracias a la solidaridad, bien con voluntariado o como tarea solitaria.

La defensa de los niños, de los animales, de los más indefensos cuenta y contará siempre con mi apoyo más entusiasta.

 

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Hay mil formas de terminar una entrevista pero que Elena haya decidido terminar con un alegato en defensa de los niños y los animales para mi dice mucho de quién es Elena como persona y por tanto como profesional.

Yo que peleo como tu Elena, por mantener un Blog, encuentro siempre un impulso maravilloso en cada entrevista de esta sección de WOM Experience. Es un placer leerte, ¡¡se nota tanto que disfrutas haciéndolo!!.

Y como me ha tocado el papel de despedirte sólo con un “hasta pronto” quiero hacerlo con tus maravillosas palabras….. porque aunque los tiempos son difíciles ¿cuándo no lo han sido?, hay que seguir peleando y tomar conciencia de donde estamos porque aquí y ahora es necesario transmitir a los demás el poder de la cortesía y la autenticidad.

Mil gracias Elena por abrirnos las puertas, por permitir que te conozcamos mejor, por tu tiempo y por tu capacidad para comunicar. ¡¡Me ha encantado tenerte aquí!!

 

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