El extraño caso de los cuñados que lo saben todo

¡Hola familia! ¿Cómo estáis?

Yo debo deciros que ya me he recuperado totalmente de las vacaciones y, casi, casi, os diría que ya las he olvidado.

Como casi todos vosotros – me imagino – ya he empezado a trabajar y trato desesperadamente de recuperar la normalidad (si me dejaran, sería maravilloso).

Hoy quiero hablaros de ese extraño caso de los “cuñaos-to-lo-saben”. ¿Sabéis a qué me refiero?

El extraño caso de los cuñados que lo saben todo

Seguid leyendo que, estoy segura, os va a sonar. Para que lo entendáis mejor, os pongo en antecedentes.

A la vuelta de vacaciones, haciendo limpieza general, nos dimos cuenta de que nuestro bien amado sofá, testigo de películas nocturnas, fiestas entre amigos, y … mucho más … ese sofá, digo, ya mostraba el inevitable y doloroso paso del tiempo y de los MEO en su tapicería.

Después de hacer un exhaustivo análisis (sobre todo, Toni, que es muy exhaustivo él) decidimos que no era necesario cambiarlo pero que necesitaba una puesta a punto; una especie de paso por el taller de chapa y pintura: lo que viene siendo un tapicero.

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En busca del “tapicero” perdido

Yo, ya me conocéis, me dediqué a escudriñar “el interné” buscando tapiceros por la zona y me hice una lista con nombre, apellido, teléfono y, cuando había, opiniones (no me digáis que eso del interné no es maravilloso para saber cómo trabaja la gente).

Con la lista hecha y dispuesta a empezar a llamar en la hora del recreo, me fui al colegio a trabajar y, como no me puedo callar, en el primer café solté mis intenciones en la sala de profesores.

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Y aquí viene el extraño caso: fue soltar la noticia y Ángel, el profesor de educación física, rápidamente me mencionó a su cuñado.

De total confianza,… por Dios, por Dios

Mira – me dijo – el marido de la hermana de mi cuñado era tapicero hace unos años. Lo que pasa es que lo tuvo que dejar porque la empresa no iba bien y se puso a trabajar por cuenta ajena. Pero, vamos, sigue haciendo sus chapucillas.

Los sofás de casa de mi cuñado los tapiza siempre él y a mi otra cuñada le ha hecho el cabecero y los “sofases” de la casa del pueblo.

Es de total confianza

Yo no tengo “cuñaos” tan apañados y tu?

En ese momento pensé “Jolines, yo no tengo cuñados tan apañados”. Los míos son buena gente, trabajadores y profesionales de lo suyo. Sin embargo, el resto de la humanidad siempre tiene un cuñado que sabe/tiene de todo:

Situación 1

Tú: “Me gustaría hacer unas fotos de los niños”

Alguien: “Uy tengo yo un cuñao al que se le dan muy bien las fotos… si quieres te paso el teléfono”

Situación 2

Tú: “Cómo me gustaría hacer un blog pero no me apaño”

Alguien: “A mi me lo ha hecho mi cuñao”

Situación 3

Tú: ¡Uyyyy Mari, cómo tienes hoy la panadería de liada!

Alguien (la panadera en este caso): siiii, es que ha venido mi cuñao a ponerme una estanterías nuevas.

¿Os va sonando?

El buen “cuñao”, Braulio de nombre

El caso es que me lo dijo tan seguro, y siendo de la familia, me lancé y le dije que le pasara mi teléfono y me llamara.

El buen cuñao – Braulio de nombre – me llamó esa misma tarde y me dijo que iba al día siguiente a verlo. Me extrañó que se ofreciera incluso a ir por la mañana y así se lo manifesté pero me dijo “No se preocupe, señora… estoy de baja”.

Sé lo que estáis pensando: ¡No tenía que haberme fiado de alguien que dice estar de baja en su trabajo oficial y luego hace chapuzas pero, qué queréis que os diga, soy muy torpe (el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra).

Los detalles siguientes que forman parte de los preliminares os los voy a evitar. El resumen es que el fin de semana siguiente, Braulio y un amigo de su cuñao (otro) estaban en mi casa con una grapadora de tapicero y unos botes de pintura porque, claro YA QUE nos poníamos, tapizábamos el sofá y pintábamos el salón (como pille al que inventó la pintura de manos para los niños, le corto los hu…)

Un fin de semana entero escuchando “Radiolé”

Y, adivina adivinanza ¿quién iba a pintar? Efectivamente: Braulio y el otro cuñao que se llamaba Pepe.

¿Sabéis lo que es estar un fin de semana entero escuchando Radiolé, con la casa llena de telas, clavos, maderas y botes de pintura por todas partes? Hubo un momento que tuvimos que meter los botes de pintura en la bañera porque los MEO decidieron que ellos podían abrirlos (y si no se los quito, lo consiguen)…

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Ni bien ni mal sino todo lo contrario

El resultado de la operación “cuñao” no está ni bien ni mal sino todo lo contrario. Bien, bien, lo que se dice bien, no está ni el tapizado ni la pintura. El buen Braulio se dejó las gafas en casa y tapizó con una lupa que tiene Toni y, claro, en esas condiciones, es muy difícil distinguir el derecho del revés de una tela lisa.

En cuanto al trabajo de Pepe, la pintura ha quitado las manchas de las paredes del salón pero ¡me ha dejado una casa sucia hasta más no poder! Yo creo que había más pintura en el suelo que en la pared.

Y yo me pregunto: ¿por qué hay tanto cuñao que sabe hacer de todo en tantas familias? ¿Por qué en esas situaciones hay más cuñaos que hermanos? ¿Por qué si son tan buenos y tan listos, en la cena de Nochebuena siempre hay alguien que te cuenta que se tuvo que sentar al lado del cuñao con el que no se habla y al que no traga?

¡¡¡¡¡Espera!!!!!! Que me acabo de dar cuenta del por qué: ¡porque le pidió que le pintara la casa y le tapizara el sofá!

En fin, qué suerte tengo con mis cuñaossssss

¡Feliz semana!

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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