En un post anterior hablamos de que para muchas personas el autoconcepto y la autoestima es lo mismo y, como ya explicamos, son temas completamente diferentes.
Si bien el autoconcepto se puede definir como “la posibilidad que tiene el ser humano de ser consciente de sí mismo”, podríamos decir que la autoestima es “el concepto que el ser humano tiene de sí mismo”.
Aquí se englobarían los juicios que una persona tiene de sí mismo, la dimensión afectiva que surge de nuestra imagen personal. Si el autoconcepto es la opinión que tenemos de nosotros mismos, la autoestima es la valoración positiva o negativa que hacemos de esa opinión.
Cuando hablamos de niños y adolescentes, ya hemos dicho que debemos de ser muy cuidadosos con lo que decimos o hacemos porque tiene un impacto directo en la autoestima.

Hoy hablamos de El concepto de autoestima en niños y adolescentes

Los padres somos las personas más importantes en la vida de un niño y, por tanto, cualquier ataque que hagamos a su autoestima tendrá un impacto muy negativo en su desarrollo emocional.

¿Cuándo se desarrolla la autoestima?

En la primera infancia ya podemos decir que el niño hace una valoración de su mismo. A los tres años aproximadamente, los niños ya se valoran positiva o negativamente y hacen esta evaluación de si mismos teniendo en cuenta la valoración que los adultos que tienen alrededor hacen de ellos.
En esta edad es cuando los niños son especialmente sensibles a la valoración de sus padres y puede entender que si le rechazamos por alguna razón es porque carece de valor y si le aceptamos es porque es un ser valioso para nosotros y, por tanto, él también se sentirá valioso.

Es una edad crucial en la construcción de una fuerte autoestima.
Enseñarles a valorar sus cualidades y habilidades y a aceptar y superar sus limitaciones hará que aprendan a valorarse y a emitir juicios positivos sobre ellos mismos.
En la segunda infancia, a partir de los seis años aproximadamente, el niño toma consciencia de su propia imagen y empieza a evaluarse.

Alrededor de los ocho o nueve años comienzan a manifestarse los sentimientos de vergüenza u orgullo de si mismo.
Cuando los padres tendemos a destacar los aspectos negativos del comportamiento de nuestros hijos en lugar de destacar los positivos estamos contribuyendo de manera decisiva a que él se forje una opinión negativa de si mismo y, por tanto, a debilitar su autoestima.

La comparación con otras personas de su entorno puede hacerles mucho daño: “tu hermano no era tan revoltoso”, “mira qué bien lo hace tu amigo”, etc no harán más que reforzar una imagen negativa de nuestros hijos.

Haz lo que digo y no lo que hago

En las relaciones con nuestros hijos, a menudo, sin darnos cuenta, incurrimos en importantes contradicciones que ellos “cazan al vuelo” como se dice coloquialmente, y que quedan grabadas en su mente para siempre. Me refiero a transmitirles nuestras propias creencias limitantes, los propios juicios negativos que nosotros hacemos sobre nosotros mismos.

La autoestima en la adolescencia

En el período de la adolescencia ya existe una imagen formada de uno mismo, pero en este momento se revisa y actualiza. Es un momento de cambio, de incertidumbre, de una profunda revolución tanto física como psicológica y esto hace que los adolescentes sean especialmente vulnerables a los juicios negativos que hacemos sobre ellos.
Si les hablamos con superioridad y no escuchamos; si despreciamos sus vivencias o sus experiencias, sentirán que ellos no son valiosos: “si no le importa lo que digo tampoco le importo yo”.
La autoestima es uno de los recursos más valiosos que puede tener un adolescente para enfrentarse con el grupo y con el mundo que le rodea y le dará herramientas suficientes para superar la presión del grupo; una presión que puede llegar a ser muy perjudicial para él.

Una reflexión para compartir.

Por último, os dejo una reflexión para que penséis sobre ella y reviséis vuestro comportamiento.

Seguro que a ti te molesta que tu jefe constantemente te juzgue y critique por lo que haces; que insinúe que nunca cumples los objetivos que te ha podido poner y que esté convencido que nunca haces lo suficiente.

Esa situación probablemente te hará sentir desmotivado, incómodo y sin ganas de seguir esforzándote ¿no? La frase “para qué me voy a esforzar si nunca me lo va a reconocer” es habitual.
Pues yo ahora te pido que reflexiones y que te pongas en el lugar de tu hijo cuando tú le comparas con otros chicos que sacan mejores notas que él; cuando le dices algo como “eres un vago” o “mira que eres tonto”.

Si tú que eres una persona adulta con una identidad ya formada te sientes más ¿cómo crees que se puede sentir él? ¿Crees que tiene ganas de seguir esforzándose? Si solo le dices lo que hace mal ¿crees que se dará cuenta de que también hace cosas bien?

 

lo que creemos de nosotros mismos en The Damas Blog

 

¿Te apetece compartir conmigo tus pensamientos sobre este asunto?

A mi me gustaría que lo hicieras.

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