En otras entradas de este blog, ya os hemos hablado de la importancia del lenguaje en nuestro pensamiento y, como consecuencia, en la transformación de  nuestro estado emocional y en nuestras acciones.

Cuando hablamos de adolescentes, todo esto se materializa en algo tan simple y tan complejo a la vez como es realizar las preguntas adecuadas:

Identidad vs conducta: Directo a la autoestima.

A veces un adolescente puede llegar a “sacarnos de quicio”: el trabajo, las tareas cotidianas, el cansancio… todo ello incide en que muchas veces, en una discusión, de nuestra boquita salgan afirmaciones del tipo:

  • Eres un vago…
  • Que torpe eres…
  • ¿Es que eres tonto?…

 

Son frases que pronunciamos sin pensar, pero que van directamente contra la identidad. Lo hacemos así porque así nos lo enseñaron a nosotras nuestros padres o profesores y, por supuesto, con su mejor intención.

 

La autoestima es tan importante para nuestro bienestar como las piernas para una mesa. Es esencial para la salud física y mental y para la felicidad (Louise Hart).

 

Modelamos a los referentes que hemos tenido en nuestra educación. Es cierto que ellos no eran conscientes del impacto que eso podía tener en nuestra identidad y por lo tanto en nuestra autoestima, pero en estos momentos, la cuestión es: ¿queremos que nuestros hijos sigan modelando eso?

Si la respuesta es NO y quieres hacer algo distinto, aquí tienes la herramienta para transformarlo:

  • En lugar de afirmar “Eres un vago” diríamos: “Esta tarde tu comportamiento ha sido de auténtica vaguería” o ¿Qué ha pasado para que te comportes con vaguería?
  • En lugar de decir: “¿Qué pasa? ¿eres tonto?…. diremos “Eso que has hecho es una tontería”.

La persona es mucho más que los actos que lleva a cabo. Quizás pueda hacer una tontería, pero eso no le convierte en un tonto. El reto está en trasladar la afirmación hacia la conducta en lugar de llevarlo hacia la identidad.

Cuando atacamos la identidad, atacamos directamente a la autoestima de nuestro hijo en un momento –  la adolescencia – que es la etapa donde precisamente se está creando y fortaleciendo la identidad.

Si yo llamo vago a mi hijo constantemente, al final se lo creerá y actuará como un vago.  Si no queremos que eso ocurra reforcemos lo que si queremos que sean y no al revés. A la identidad solo podemos dirigir mensajes positivos. Los mensajes negativos tienen que ir hacia la conducta.

Si te parece bien, prueba esta herramienta y ya me contarás qué ocurre. Feliz semana

 

Compartir
Artículo anteriorVivimos rodeados de personas extraordinarias
Artículo siguienteMi gran boda Ibicenca
Coach internacional, conferenciante, formadora y experta en Programación Neuro-Lingüística, me ha especializado en los 3 pilares educativos: madres/padres, adolescentes y profesores. Empresaria desde los 20 años y apasionada de las personas, he desarrollado la gestión del conflicto, la mediación y la conciliación. Actualmente imparto formación a madres/padres, profesores y adolescentes, doy conferencias sobre Comunicación Afectiva y Efectiva. Realizo sesiones de coaching individuales y sesiones de coaching al sistema familiar.

2 Comentarios

Dejar respuesta