¡Hola querid@s!

¿Os pregunto cómo estáis o mejor lo dejamos para otro momento? Mejor lo dejamos…
¿Cómo lleváis el confinamiento? Yo tengo que confesaros que los primeros diez días lo llevé fatal, pero ahora estoy fenomenal. He retomado la meditación, hago yoga todos los días y he dejado el café. Ya sólo tomo infusiones naturales y no como carne, ni bebo alcohol… sólo como verduras, especialmente brócoli y zanahoria…

¡Os lo recomiendo! No porque sea sano – que seguramente lo será – sino porque comparado con esa mierda de vida, todo lo demás es fantástico. Así yo consigo llevar el confinamiento encerrada en casa con 3 (pre)adolescentes y unos trillizos, el padre de la criatura y las videoconferencias que me paso todo el puñetero día haciendo: que si las clases, que si el claustro de profesores, que si mi madre, que si mi suegra, que si los profesores de los niños… todo el puto día pegada a la pantalla del ordenador, con los pantalones del pijama, unas blusas monísimas y maquillada como una puerta. ¡Estoy como para hacerme una foto de cuerpo entero!

El padre de las criaturas ya no vive «exactamente» en casa

Bueno, no os estoy diciendo toda la verdad; os he mentido en un pequeño detalle: el padre de las criaturas ya no vive “exactamente” en casa. Os lo explico:

Cuando nos separamos, ya sabéis que decidimos compartir piso para ahorrar gastos pero hace unas semanas, justo antes del inicio de esta pesadilla del Covid 19, se quedó libre un piso en nuestra urbanización; para ser más exactos, el piso que esta justo enfrente de nuestra casa. Es del portal de al lado, pero compartimos patio, terrazas de cocina, cuerdas de la ropa y las terrazas del salón están pegadas la una a la otra. ¡Una maravilla, oiga!
Pues el caso es que los tíos de Tony, Sol y Fede, estaban buscando piso para mudarse “a la civilización” desde el pueblo donde vivían. Y nada, que en 15 días tenía a la pareja de vecinos. Cuando me lo dijo Tony, lo primero que pensé es que las desgracias nunca vienen solas, pero cuando me dijo que le habían propuesto que se fuera a vivir con ellos para hacerles compañía, la cosa ya me pareció mucho más “arreglada”.
Así que Tony se ha ido a casa de sus tíos y yo me he quedado en nuestra santa casa con toda mi bendita prole.¡Y no os podéis hacer una idea cómo es el confinamiento con la familia enfrente! Me veo abriendo el informativo de Pedro Piqueras cualquier día.

Veréis: la tía Sol es una señora estupenda, que se ha tenido que buscar la vida desde que era una niña y es un “ama de casa como Dios manda” (según dice mi suegra): cocina, cose, arregla enchufes, te tiñe el pelo… en fin, yo creo que si hay que construir un rascacielos, también lo hace. Sol y Fede no han tenido hijos y Tomi ha sido siempre su ojito derecho, así que no os cuento como le tienen a él y, por extensión, a todos nosotros: ¡como auténticos maharajás!

Diario de un confinamiento – 1ª parte

Eso si, la que tenemos liada en el patio es de denuncia (de ahí lo del telediario de Piqueras). Os pongo un ejemplo de lo ocurrido esta semana:

09:00 h. La hora del desayuno. La tía Sol hace tortitas y nosotros el zulo de naranja. La tía pone las tortitas en un tupper, el tupper dentro de una bolsa de plástico y la bolsa la cuelga como si fuera una camiseta en las cuerdas de la ropa. Yo tiro de las cuerdas y traigo las tortitas; en la misma bolsa pongo el termo con el zumo y lo mando de vuelta. Después nos asomamos a la terraza y desayunamos todos juntitos comentando las noticias. Hoy se nos ha unido Amparito, mi vecina de al lado y se ha tomado un café con nosotros.

13:00 h. La hora del aperitivo. Nos tomamos una cerveza todos en amor y compañía e intercambiamos recetas de los platos que vamos a hacer o se escucha “¿Te gusta el pisto? pues ahora te mando un poquito” o “Esta noche no hagas cena, que voy a hacer croquetas de jamón” Es el momento de pasarnos también la barra de pan. Por no bajar todos, baja uno a comprar el pan y sube para todos. Amparito también se ha unido al chat y hace sus encargos.

17:00 h. La hora del juego y después de la merienda. Aquí tenemos un poco de todo. Hay días que Sol juega al bingo con los niños; otros días enseña a hacer punto de cruz a Marta (no entiendo por qué le ha dado ahora por el punto de cruz). A Teresita, la vecina del cuarto le está enseñando a hacer punto bobo.

20:00 h. La hora de los aplausos. Todos a la terraza a aplaudir y a charlar con los vecinos de la urbanización de enfrente. Llevo 18 años viviendo en esta casa y jamás me han dirigido la palabra. En 1 mes y medio ya se han intercambiado trucos para cuidar las plantas con Sol. ¿Será problema mío?

22:00 h. La hora de dormir. Jaaaaaa, jaaaaaa. Los MEO se meten en la cama y quieren un cuento. Yo ya no tengo paciencia, así que su padre se lo lee por videoconferencia. Blanca se encierra en el baño para hablar con su novio (no os digo el nombre porque todavía no me lo he aprendido), Marta se pone a ver videos en su móvil y Paulita empieza sus viajes a la nevera a ver que encuentra: un yogurt, leche, galletas, chocolate… (yo creo que tiene la solitaria, o algo)

00:00 h. Esto es nuevo, de hace 4 ó 5 días. Tony y yo nos dimos cuenta de que estábamos en la terraza, cada uno en la suya con su respectivo gin-tonic; bien abrigaditos, escuchando el silencio de la noche, así que nos pusimos a hablar tranquilamente, como hacía años que no hablábamos. Lo único que, para no molestar, decidimos hablar por wasap.

A dos metros de distancia

¡Manda huevos! a 2 metros de distancia, hablando por wasap. El primer día hablamos, el segundo pusimos una cuerda que une las dos terrazas y nos pasamos la copa y las gominolas para acompañar. El tercer día los vecinos de arriba nos pillaron y han puesto una cuerda de su terraza a la nuestra y compartimos los cacahuetes.

Si, como todo parece, nos quedan unas cuantas semanas de confinamiento, no sé qué va a ser de esta familia… ni de los vecinos tampoco.
Cuidaos mucho y me encantaría saber qué estáis haciendo vosotros para pasar estos difíciles días con un poco de sentido del humor.

Y Recordad #yomequedoencasa.
Besos,

Rita

Compartir
Artículo anteriorPranayama, qué es y cómo puede ayudarte en el confinamiento
Artículo siguienteKaren Montalva, speaker y autora de #YOVENDO
Mujer, madre, hija, esposa, emprendedora y rebelde… ¡esa soy yo! Me llamo Mercedes Rico, me confieso luchadora y con una gran capacidad de reinvención. Me he caído y me he levantado muchas veces. En algunas ocasiones he perdido el sentido del humor, pero ha sido muy pocas veces. Me gusta reír y arrancar una sonrisa y creo que la imaginación es el único secreto para tener una vida más o menos feliz. En la actualidad compagino mi labor como coordinadora académica en un centro de enseñanza con mi proyecto LAS COSAS DE MERCEDES. Tengo un deseo: arrancaros una sonrisa.

No hay comentarios

Dejar respuesta