A lo largo de las muchas conversaciones, tanto con hombres como con mujeres, la frase que mas me he encontrado ha sido “bueno tampoco es necesario hablar de sexo con él porque se sobreentienden las cosas, lo que a uno le gusta y lo que el otro quiere…”

Creo que sobreentender lo que siente la otra persona sobre este tema, le apetece, le gusta o le crea rechazo, puedes ser un desatino y puede que no acertemos en nuestro parecer.

Como interpreto las palabras no dichas

Estoy segura de que si buscamos en nuestros recuerdos, somos capaces de encontrar más de un ejemplo. Esa caricia en la rodilla, que tras varios segundos aplicada a la misma zona, te pone hasta nerviosa; cambiamos de postura hasta el punto de contorsionar nuestro cuerpo para que no pueda alcanzarla y seguir “frotando” nuestra rodilla con su mano…. Pues a ellos les pasa exactamente lo mismo.

¿Cómo reaccionamos cuando recibimos una caricia que no nos gusta?

¿Se lo decimos abiertamente? “Cariño por favor no me acaricies la rodilla que no me gusta”

NO ¡NOS CALLAMOS y nos contorsionamos para que no llegue a nuestra rodilla!

¿Pero él que ha sobreentendido?

  1. Seguramente el hombre ni se ha planteado si esa caricia le gusta o no a su mujer, y si lo hiciera pensará “llevo años haciéndole esta caricia, LOGICAMENTE le gustará; si no, me lo hubiera dicho”; con lo cual yo sigo haciendo esa caricia que sobreentiendo le gusta.
  2. Es más, le gusta tanto que se le estremece el cuerpo, (recuerda, tú en este momento te estás contorsionando) cada día me lo pone más difícil, será que voy mejorando y le gusta más.
  3. Está claro que le gusta que le acaricie la rodilla, no dejaré de hacerlo.

¡Ahora ya estás perdida! Y todo porque no hemos hablado abiertamente con él para explicarle que no nos gusta.

¿Y por qué no se lo decimos?

Porque tendemos a pensar: ¡“como le voy a decir que no me gusta que me toque la rodilla”! (está claro que cada una de nosotras tenemos que pensar en lo que no nos gusta) pero lo profundo de este ejemplo tan simple es el “porque” no lo decimos, seguramente nos encontramos con motivos como: no quiero herir sus sentimientos; me da “cosa” o incluso y lo que es peor: ¡porque pensamos que a él le encanta tocarnos la rodilla! y nos vemos metidas en un lío por no ser claras, y porque no decirlo, por no ser sinceras y romper esa barrera psicológica que a veces nos ponemos nosotras solitas.

Pero,

¿Cuál sería nuestra reacción cuando detectamos que alguna de nuestras mas delicadas caricias no le gustan?

Seamos sinceras NOS MOLESTA, es mas, no lo entendemos e incluso tendemos a insistir, del estilo de;

<<¿Pero como no te va a gustar que te de besitos en el lóbulo de la oreja??>> (Mientras le volvemos a dar un besito en el lóbulo de la oreja).

En ese momento él ve el cielo abierto para decirte muy claramente que no le gustan los besitos en la oreja y que no lo vuelvas a hacer. Él aun no lo sabe, pero está muerto y esa noche duerme en el salón. Nuestra reacción suele ser de INDIGNACIÓN y piensas ¡que no le gustan mis besitos en la oreja, pero si a mí me encanta!.

Sobreentendemos que lo que nos gusta a nosotras también les gustará a ellos.

Pero no lo sabemos porque nunca se lo hemos preguntado, tanto ellos como nosotras lo hemos sobreentendido. Hemos sobreentendido que lo que nos gusta a nosotras también les gustará a ellos.

A lo largo de nuestro matrimonio surgen situaciones diferentes que deberían ir abordándose en el momento, aunque probablemente no nos apetezcan o nos den pereza….

Está claro que no es lo mismo un matrimonio recién casado, (donde ella se está contorsionando y el evitando esos besos en la oreja), que un matrimonio casados hace 15 años, (donde probablemente ella tenga ya una lesión de rodilla y él tenga insensibilizado el lóbulo de la oreja), que un matrimonio que está celebrando sus bodas de oro, (ella tiene una prótesis en la rodilla y no la siente y él, hace años que perdió la oreja).

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Soy esposa y madre de cuatro hijos y me gusta decirlo en ese orden. Licenciada en ADE y tras mis años de auditora y gestionando presupuestos en una editorial, empecé a tener la necesidad de gestionar esos conflictos que duermen en nuestro interior y que en ocasiones no sabemos expresar. Así que después de varios años haciendo entrevistas a matrimonios y parejas sobre la forma de comunicarnos en un tema tan personal como son los desencuentros afectivos y sexuales, me dedico tanto a dar conferencias como a asesorar y acompañar a muchas parejas con la necesidad de romper esa barrera que se ha creado entre ambos. En definitiva que puedan ver la manera de crecer juntos.

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