Pues eso, como si no hubiera pasado el tiempo y nos hubiéramos visto virtualmente todos estos meses… ¿Cómo estáis queridas amigas?

Yo estoy bien dentro de lo que tenemos encima. La verdad es que mi vida ha sido un carrusel en los últimos doce meses. Me ha pasado de todo y de todo he conseguido salir. Igual que conseguiremos salir de esta situación tan triste y tan dura.

Ya os iré contando en los próximos días porque si me pongo ahora, no hay memoria en el ordenador para guardar todo lo que me gustaría compartir con vosotras.

Lo más importante: ¿cómo lleváis la reclusión? ¿Os habéis quitado el pijama algún día? ¿Y habéis intentando entrar en los vaqueros? Yo si y no. Quiero decir: me he quitado el pijama y no, no he intentado entrar en los vaqueros. ¿Para qué? Si ya de lejos me han parecido muy pequeños para las anchuras que se están apoderando de mi persona… mejor me espero y ya me disgusto el último día que, con la alegría de salir a la calle, seguro que se me hace más llevadero.

Como decíamos ayer …..

Si queréis, para ponernos rápidamente al día (sin detalles) os hago un resumen de la situación personal de ésta vuestra amiga y su familia:

Estado civil: ni contigo ni sin ti. Quiero decir, medio separada, medio no… somos como dos compañeros de piso pero con 6 hijos en común, Fácil, ¿no?

La familia: en general insoportables todos: los niños, los abuelos, los tíos y hasta el perro. ¿A vosotras no os pasa que en algunas ocasiones miráis alrededor y no os cae bien nadie? Pues eso me pasa a mi hoy.

Tony y yo nos peleamos y decidimos separarnos. Llegamos hasta el abogado; bueno más exactamente hasta la minuta del abogado. Nos pusimos a hacer cuentas y vimos que vivir separados, manteniendo 6 hijos, 6 colegios, 2 hipotecas y pretender comer todos los días iba a ser imposible. Así que decidimos compartir piso como dos buenos amigos. Como os podéis imaginar, la convivencia a veces es “pa’ verla”.

Los chicos/as están estupendos de salud e insoportables en sus diferentes etapas:

Blanca ha pasado de ser una adolescente rebelde a una joven todavía más rebelde y, además, budista y vegana. Dejó a su novio hindú – aquel que yo no conseguí llamar por su nombre jamás – y le ha sustituido por un chico chino encantador que tampoco consigo llamar por su nombre. Es chino, budista, dos años mayor que Blanca y medio metro más bajito. Van juntos y parecen una moto con un sidecar.

Marta ha pasado de ser una niña llorona a una adolescente incomprendida. Es doña dramas. Si le sale un grano llora porque está horrible, si no le salen granos protesta porque sus amigas son más mayores que ellas… Siguiendo la estela de su hermana mayor, tampoco come animales, pero ella es crudivegana; o sea, no cocina, lo come todo crudo.

Paulita está en la preadolescencia. Ese momento en el desarrollo de los niños en el que los brazos llegan hasta el suelo y van siempre como colgados de los hombros sin que sea humanamente posible controlarlos. Entran en el salón con su dueña y son capaces de dar un golpe a la puerta, chocarse con una silla y tirar un florero; todo “sin querer”. Afortunadamente, Paulita come de todo y lo de todos: desayuna, almuerza, come, merienda, cena, recena y se lleva leche con galletas para la noche. Eso si, ¡no sé dónde lo mete! Está como un alfiler. Yo creo que es un poco vigorexica: hace gimnasia rítmica, juega a baloncesto, rugby y zumba.

Y los MEO, ¡Ay los MEO! Están para comérselos. Altos, rubitos, con ojos azules, con cinco movidos añitos y sin una sola idea buena. Si están jugando y haciendo ruido, malo porque te ponen la cabeza como un bombo. Pero si están juntos y callados, peor. Ya hemos tenido que llamar dos veces a los bomberos para que solucionaran sus travesuras. Es lo que tienen los trillizos.

Y en cuanto a mi, pues ¿qué os voy a contar que no sepáis? Corriendo todo el día de un lado para otro; sin tiempo para mi, visitando al psicólogo 1 vez a la semana y viviendo que no es poco.

Tengo muchas ganas de contaros mis aventuras y de que vosotras me contéis las vuestras.

Vamos a intentar llevar esta nueva situación lo mejor posible y, siempre que podamos, echarnos unas risas.

Me despido por hoy recordando una frase de Alicia en el país de las maravillas:

¡Oye tiempo! ¿Es cierto que curas todas las heridas?

Seguro que sí, seguro que el tiempo nos ayudará a borrar esta etapa que estamos viviendo. Mientras tanto, vamos a cuidarnos y a seguir adelante.

Y recuerda #yomequedoencasa

 

 

 

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