Carta de amor de mi marido

Hoy es nuestro aniversario de boda ¡¡20 años!!  Solo puedo decirte que no pude tomar mejor decisión, que el día que te juré  que pasaría el resto de mi vida contigo. Si, es fuerte, para el resto de mi vida, y más hoy en día, donde todo se ha descafeinado, hasta el compromiso más firme.

Soy consciente que el matrimonio no es una película de Walt Disney, cuyo final es siempre “y fueron felices y comieron perdices”. Sé que a lo largo de la vida, surgen muchos problemas, pero se que esos problemas que hemos tenido, en estos veinte años, nos han hecho más fuertes, nos han acercado más y me han enseñado la gran mujer que tengo a mi lado. Si cariño, eres especial, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y es una bendición verme a tu lado todas las mañanas, incluso con tu despertar de dragón, en el que me resulta difícil encontrar tu dulzura tras ese primer ladrido.

Siento lo afortunado que soy

En estos 20 años me has enseñado como se cede por la familia, como una es siempre la última y cede lo mejor, a su marido, a sus hijos. Sí, me he dado cuenta de tu silencio, de tu entrega constante a tu marido- a mí- a tus hijos, a tus padres.

Me doy cuenta como también reclamas tiempo para ti y todos te exigimos más. Como a veces anhelas un grito de “¡¡¡¡Y YO QUE!!!!!” y entonces siento lo afortunado que soy, y procuro descargarte de esa cesión constante, procuro hacer todo aquello que el egoísmo diario de mi comodidad,  provoca que no te cuide. Procuro hacer un poco de ti, aunque los dos sabemos que no llegaré a ese nivel al que nos has acostumbrado.

Aprendiendo otra forma de amar

En estos 20 años, me has enseñado como hay otra forma de amar, es ese amor que consuela a unos hijos con un abrazo, es ese amor que comprende a unos padres con una caricia, es ese amor que llena a un marido con un beso. Me demuestras con tus pequeños gestos, con ese grito ahogado en una sonrisa, con ese enfado apagado con un abrazo, con esas tormentas convertidas en una dulce brisa, como una mujer se entrega en el día a día, como una mujer es capaz de dar lo mejor de sí por ver a su familia feliz.

No lo dejas a la deriva

En estos 20 años me has enseñado como el amor entre nosotros no solo puede crecer, sino ser más intenso. Como el amor entre nosotros solo requiere un poco de atención y de pensar primero en el otro. Como el amor se trabaja día a día y es como un barco en medio del mar, el cual no lo dejas a la deriva, sino que siempre estás pendiente de su rumbo, que no se desvíe y vaya al puerto correcto. Como el amor es una cosa de dos.

Nuestra voluntad de querer querernos

En estos 20 años me has enseñado que el amor se construye poco a poco. Que el amor entre nosotros crece con cada caída, pero se fortalece con cada remontada. Que el amor entre nosotros solo depende de nosotros, de nuestra constancia en amarnos, de nuestra capacidad de entregarnos, de nuestra voluntad de querer querernos.

Por todo esto te doy las gracias, por enseñarme a amar sin esperar nada a cambio, por enseñarme a amar en medio del dolor, por enseñarme a amar en medio del caos.

Por amarme con mis defectos

Por enseñarme a amar en medio de la rutina. Pero sobretodo por amarme a mí como lo haces cada mañana, eso si después de tu café bien frío, como a ti te gusta.

Por amarme a mí con mis defectos, y decirle al mundo lo “maravilloso” que soy. Por amarme a mí y sentirte la mujer más orgullosa de un marido que enseñas al mundo a través de tus ojos. Por demostrarme día a día que esto es para siempre.

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Soy esposa y madre de cuatro hijos y me gusta decirlo en ese orden. Licenciada en ADE y tras mis años de auditora y gestionando presupuestos en una editorial, empecé a tener la necesidad de gestionar esos conflictos que duermen en nuestro interior y que en ocasiones no sabemos expresar. Así que después de varios años haciendo entrevistas a matrimonios y parejas sobre la forma de comunicarnos en un tema tan personal como son los desencuentros afectivos y sexuales, me dedico tanto a dar conferencias como a asesorar y acompañar a muchas parejas con la necesidad de romper esa barrera que se ha creado entre ambos. En definitiva que puedan ver la manera de crecer juntos.

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