Ayer fuimos de excursion

Queridas amigas,

¡Qué agujetas tengo, por amor de Dios! Esta mañana cuando me he levantado a punto he estado de pedir auxilio pensando que me había dado un “jari” y me había quedado inmóvil (no sé muy bien qué significa eso de jari, pero aquí lo dicen mucho).

Es que ayer fuimos de excursión.

Os cuento. La semana pasaba, como ya sabéis, estaba muy desanimada y muy enfadada con el pueblo, los niños, los abuelos y con… la vida en general. El fin de semana estuve a punto de hacer las maletas y marcharme a casa, pero me dio tanta pereza volver a sacar todo de los armarios ahora que ya lo tenía colocado que me quedé. Y, curiosamente, no me arrepiento. ¡Estoy encantada! Dolorida pero encantada.

Desde el lunes todo ha sido un no parar. Vinieron los vecinos de al lado: una pareja de abuelos con una de sus hijas, su marido y todos sus nietos. Las niñas han hecho una pandilla fantástica con los niños y juntos se van a bañar al rio, a coger renacuajos, a robar manzanas (si, como lo oís); el caso es que están todo el día fuera de casa, desde que desayunan hasta la hora de la comida. Vienen media hora, comen y se vuelven a marchar. ¡Con deciros que Blanca no ha cargado el móvil desde hace 3 días!

Lo único malo es que Paulita se cayó el otro día yendo al río y se cayó encima de unas ortigas. ¡Pobrecita! No veáis cómo ha tenido las piernas.

Mis padres y mis suegros han hecho muy buenas migas también con los vecinos y se pasan todo el día juntos, de tertulia y de paseo con los MEO. Fijaos cómo están los niños: tocan a dos abuelos por cabeza. No pueden estar más contentos y consentidos. El miércoles de repente me di cuenta que estaba sola en casa. Me cogí un libro y me tumbé en el patio a leer. Me desperté dos horas después colorada como un pimiento morrón. ¡Cómo tengo la espalda, virgen santa!

Al regresar los abuelos (en general) decidieron aplicarme remedios caseros para aplacar el dolor: primero me pasaron un tomate crudo por la espalda, luego me pusieron paños de vinagre y por último aplicaron un poco de aceite de oliva. Entre el color que tenía mi espalda y los ingredientes, me miré al espejo y creí verme convertida en un plato de salmorejo.

En fin… el caso es que esta familia tan amable nos ha presentado a más gente del pueblo y ahora somos como un vecino más. Mira, tengo que reconocer que mis vecinos de la urba son considerablemente más estirados que ellos y eso que me conocen de toda la vida.

Nos han invitado todos los días a algún “happening”: hemos ido a hacer una chuletada al rio, una paella a una huerta de otro vecino y ayer ¡fuimos de excursión!

Nos dijeron que a las afueras del pueblo hay una fuente que se llama “fuente de los siete caños” y decían que era un sitio precioso para pasar el día. Yo pregunté si estaba muy lejos y me dijeron que no y que no me preocupara por los pequeños porque iban a llevar un burro para acarrear la comida y en caso de apuro también podían subir a los niños.

Yo no sé calcular la distancia y probablemente no había mucho desde el pueblo a la puñetera fuente, pero lo que sí sé es que era todo cuesta arriba. Yo a la media hora no sentía ni las piernas ni los brazos. Las piernas por las cuestas y los brazos porque Eric estaba ñoño como el solo y no quería que nadie le llevara. Mira, con lo gordito que está no sabéis lo que es llevarle en brazos.

Al llegar a la fuente creí que me moría: me faltaba hasta el aire y no paraba de pensar en que luego teníamos que bajar. Decidí que si lo veía muy mal me dejaba caer y rodaba hasta el pueblo y ya me recogerían.

Tengo que reconocer que fue un día maravilloso: éramos un montón de gente y nos trataron como si nos conocieran de toda la vida. Comimos todos juntos y compartimos lo que llevábamos cada uno. Bueno de lo que menos comieron fue de lo que llevaba yo: la macedonia de fruta y las barritas energéticas que llevaba para media mañana no parece que les hiciera mucha gracia. Me di cuenta que son más de bocadillo de chorizo. (Confieso que yo también).

No os cuento los detalles de la bajada al pueblo porque quiero seguir manteniendo cierta dignidad. Sólo os diré que vine ocupando el hueco que las cervezas y la merienda habían dejado en las alforjas del burro. ¡Qué vergüenza! Pero es que os juro que no podía moverme. Y la cosa ha empeorado esta noche.

Cuando me he levantado de la cama ha sido un espectáculo. Con deciros que me he inventado que estoy “en esos días” para quedarme en la cama. A ver si mañana me puedo poner de pie.

Toni viene esta tarde y se queda cuatro días. Ya os contaré como es la experiencia. Si me lo llegan a decir la semana pasada no me lo hubiera creído, pero ESTO DE PASAR LAS VACACIONES EN UN PUEBLO TIENE SU GRACIA.

Hasta la semana que viene.

 

Rita

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Durante años he sido Jefe de Desarrollo de Proyectos en Tesauro. Por mis manos pasaron muchos guiones de cine y televisión, nacionales e internacionales y ahí nació mi pasión por el cine y por la escritura de guión. Escribo porque es una necesidad: cualquier tema y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación y plasmar historias en un papel. Hace un tiempo creé VÍMELO PRODUCCIONES, una productora y agencia de comunicación. Además, colaboro como guionista con BLUEBERRY STUDIOS y con LINCEO PRODUCCIONES. Soy optimista y espero arrancar de vez en cuando una sonrisa cuando leáis este blog. Sed felices.

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